En Brasil, primer productor mundial de etanol fabricado con caña de azúcar, el sector atraviesa un período de crisis: a pesar de una producción y una demanda nacional en aumento, muchas plantas cierran y la producción está comprometida.

Normalmente, las cifras de cosecha y consumo deberían animar a los productores.

La región del centro-sur donde se concentra la cosecha de la caña produjo 23.000 millones de litros de etanol hasta el 16 de noviembre, un 15% más que en el mismo periodo del año pasado.

El consumo interno, que absorbe 85% del etanol brasileño, también crece, a la par de las ventas de vehículos con motor ‘flex’ -sistema bicombustible que permite usar indistintamente gasolina o etanol hidratado.

‘Esta flota aumenta 17% al año, el 90% de los autos nuevos vendidos en Brasil es flex’, dijo a la AFP Thiago Campaz, analista de mercado de FG Agro.

En 2020, los autos flex representarían 89% de la flota del país, contra el 61% actual, según las previsiones de Datagro.

En mayo, además, el gobierno autorizó el aumento de 20% a 25% de la cantidad de etanol (anhidro) que obligatoriamente se mezcla a la gasolina vendida en Brasil.

Rehenes del precio de la gasolina

Pero los indicadores en alza no resuelven la principal preocupación de los productores: el precio de venta del etanol.

‘Somos rehenes del precio de la gasolina para fijar el del alcohol hidratado’, explica Antonio de Padua Rodríguez, director técnico de UNICA, la principal asociación de la industria azucarera.

El consumidor decide si coloca etanol hidratado o gasolina en su automóvil, en general en base al menor precio. Como el etanol tiene una eficiencia 30% menor que la gasolina (se gasta antes), se calcula que si está 30% más barato resulta conveniente comprarlo, explica.

El gobierno brasileño, que busca mantener la inflación bajo control, controla los aumentos del precio de la gasolina desde 2006 y con ello, indirectamente, ha limitado el aumento del precio del etanol.

Pero en ese período los costos de producción se elevaron significativamente. Según la asociación de productores Orplana, los costos de alquiler de la tierra aumentaron 57%, entre 2005 y 2010, los de mano de obra se elevaron 47% y la mecanización 28%.

El resultado: las 385 empresas de procesamiento del país están cargadas de deudas. ‘En la región centro-sur, 40 ingenios cerraron en los tres últimos años y 60 pueden hacerlo en los próximos 24 meses debido a las deudas’, estimaron analistas de Deutsche Bank en una nota publicada a fines de octubre.

La crisis llegó a tal nivel que el 5 de noviembre en Brasilia más de 300 parlamentarios crearon el ‘frente parlamentario de valorización del sector azucarero-energético’.

Demanda superaría capacidad de producción hacia 2020

El horizonte también se ha nublado en el lado de las exportaciones. El repunte del real frente al dólar (en los pasados meses setiembre-octubre) ha reducido la competitividad del etanol brasileño.

De otro lado, Estados Unidos, que absorbe 70% de las exportaciones, por primera vez está estudiando reducir la proporción obligatoria de etanol en los carburantes.

‘Las exportaciones serán inferiores al año pasado, con alrededor de 2.600 millones de litros, contra 3.400 millones en 2012-2013’, anticipa el director técnico de Unica.

En perspectiva, según los analistas, la capacidad productiva de Brasil estaría amenazada.

‘Para ahorrar costos, los ingenios podrían sacrificar la renovación de las plantaciones, como ya hicieron en 2009-2010. Eso puede afectar más el rendimiento de la caña y la concentración de azúcar en próximos años’, expresa una nota de octubre del banco de inversiones Macquarie.

A falta de nuevas políticas de apoyo al sector, ‘la demanda potencial será superior a la capacidad de aquí al 2020’, añade Plinio Nastari, presidente de la consultora Datagro.

‘Estimamos que la región centro-sur puede procesar 600 millones de toneladas (…) lo que impone un límite firme a la cantidad de azúcar (o etanol) que pueda esperarse de Brasil a largo plazo’, prosigue la nota de Macquarie.

El sector de la caña de azúcar emplea a 1,2 millones de personas en Brasil, país de 200 millones de habitantes.