Majestuoso y blanco, con su imponente estructura trenzada imitando una canasta típica de la región, el estadio de Manaos, en el corazón de la Amazonia, sueña con ser una ‘ópera’ para el deporte del siglo XXI, aunque puede terminar convertido en un elefante blanco.

‘Estamos construyendo en medio de la selva amazónica la nueva ópera para el deporte del siglo XXI’, declara a la AFP Miguel Capobiango, coordinador de la obra.

El arquitecto alude así a la legendaria ópera de Manaos, construida en plena selva a fines del siglo XIX, para agradar a los poderosos barones del caucho, y que llegó aquí en piezas traídas desde Inglaterra por barco.

‘Ahora lo que llegó en piezas, de Portugal, ha sido la estructura metálica de 6.670 toneladas’ del estadio de 44.000 plazas, destaca Capobiango.

Su cobertura transparente capta el agua de la lluvia gracias a siete tanques de 120.000 litros de capacidad cada uno, y se convertirá en la primera estructura de la región norte del país con un certificado ecológico.

Las obras para construir el estadio Arena Amazonia se iniciaron en 2010 y deben ser entregadas el 20 de diciembre, casi la fecha límite del 31 de diciembre impuesta por la FIFA, aunque las instalaciones temporarias serán completadas más adelante, explica el responsable.

Casi 2.000 obreros trabajan actualmente en el proyecto de 288 millones de dólares, al que todavía le faltan los asientos, que tendrán ‘los colores de las frutas de la región’.

Sin cita de alto nivel antes del Mundial

El Arena Amazonia acogerá cuatro juegos en el Mundial del próximo año, pero no se ha previsto ningún partido de alto nivel antes.

Con dos millones de habitantes, Manaos no tiene ningún equipo en la primera división del fútbol brasileño.

El fútbol profesional local atraviesa una crisis financiera y no logra mantener jugadores en los equipos.

En cambio, el ‘Peladao’ de Manaos, el mayor campeonato amateur del mundo que se juega cada año en la ciudad, ‘es mucho más popular’, explica el arquitecto.

Muchos ya consideran el bello estadio un ‘elefante blanco’, construido a un enorme costo y que traerá escasos beneficios, y condenan el colosal gasto público en una ciudad en la que faltan infraestructura, escuelas y hospitales de calidad.

‘Se gastaron millones, mientras que a la población le falta todo, hay gente que pasa hambre o mueren a las puertas del hospital. Nosotros ni siquiera tendremos el dinero para entrar en ese estadio’, lamenta Vanilde Basto, vendedora de la zona franca de Manaos.

Al margen de la inversión en la obra, el mantenimiento del estadio costará 217.000 dólares por mes.

‘Habrían hecho mejor en invertir en cultura. Entrar al estadio siempre costará dinero, y mucho, mientras que aquí vamos gratis’, dice Sheila Juliane, una estudiante de 25 años que se dispone a ir a un espectáculo en el bello edificio de la ópera de Manaos, donde hay programas culturales todo el año, buena parte gratuitos.

‘Tendrán que traer algunos partidos del campeonato brasileño, o de lo contrario esto será una cáscara vacía’, añade Thiago Barreto, de 24 años.

Un foro de ciudadanos de la ciudad creado para seguir el desarrollo del estadio denunció una ‘privatización del espacio público’, ya que el estadio será entregado en concesión a privados.

Pero para el coordinador del ‘Peladao’, el gran torneo popular de la región, Arnaldo Santos, el estadio sí traerá beneficios: ‘ha sido construido para albergar grandes eventos, y servirá para el desarrollo de la región’, dice.

‘La Copa del Mundo nos hace visibles, la ciudad aprovechará estar en esa vitrina’, subraya.

Las mismas dudas se plantean frente a otros tres gigantescos estadios, Brasilia, Cuiabá y Natal, ciudades sedes del Mundial sin grandes equipos de fútbol locales.

En setiembre, se llegó a barajar la posibilidad de que el estadio de Manaos pudiera ser convertido en un cárcel tras la Copa.

‘Esta es una ciudad turística, el Arena Amazonia recibirá otros eventos, espectáculos internacionales, traerá inversiones. El estadio es blanco, pero no es un elefante blanco’, exclama optimista Capobiango.