Más allá de las inconstitucionalidades que pueda tener el proyecto –y que ojalá la CC se atreva a señalar–, las reformas apuntan a que los partidos mejoren sus finanzas, que el pueblo pague la mayor parte de sus campañas electorales y los dirigentes políticos tengan más espacio para seguir con su fiesta de enriquecimiento; mientras los guatemaltecos continuaremos viendo cómo el crimen organizado, los contratistas del Estado y grupos interesados continúan influyendo directamente en las políticas públicas por medio de la compra de voluntades en campaña electoral. 

Por supuesto que quienes defienden esas reformas repetirán hasta el cansancio que “son insuficientes, pero constituyen un avance porque tienen cosas buenas”, cuando en la realidad –y en la práctica–, lo que tendremos es más de lo mismo en cuanto al funcionamiento de los partidos, pero éstos, en cambio, sí recibirán más dinero, porque no solo se les duplica el pago por cada voto recibido –sube de US$2 a US$4 por voto–, sino que ahora pretenden que el pueblo les pague además la campaña electoral, pautada por medio del TSE. 
Pero eso no es todo, porque se deja abierta la puerta para seguir recibiendo dinero de los famosos –pero nunca plenamente identificados– “financistas”, sin que además haya techos, ni una forma de hacer transparentes las donaciones que se hagan. Se hace más grande la puerta para que los “dirigentes” de turno de los partidos, puedan recibir cheques y así engrosar sus cuentas personales.
No está demás recordar que el expresidente Alfonso Portillo se jacta de haber recibido un cheque de US$500.000.00 (unos Q4.000.000.00) de Taiwán cuando era candidato. ¡Por baboso lo metía a su campaña! Lo que hizo fue embolsarse el dinero y enviarlo a cuentas de su familia en el exterior.
Así se enriquecen muchos candidatos, o dirigentes políticos. Los cheques llegan sin control. En el mejor de los casos ponen un poco para la campaña y el resto para comprar casas, carros y hasta puntos –como dice alguna publicidad–. El reparto ahora podrá favorecer más a los políticos, porque no necesitarán tanto para pagar la publicidad. Esa pretenden que la paguemos Usted, yo, y todos los guatemaltecos.

La ley actual es mala e insuficiente, pero con las reformas, se produce un paso atrás en las aspiraciones de tener un páis mejor en el corto plazo.

Por supuesto que el financiamiento estatal es una forma de limpiar los partidos, pero no cuando se deja abierta la puerta para que la compra de voluntades continúe con el financiamiento privado.
Y hay más, por supuesto que los vendidos diputados siguen beneficiando a la televisión abierta y castigan o ignoran a otros medios de publicidad. El proyecto beneficia sin ningún concepto técnico a unos y perjudica a otros. 

Al TSE le salpican con migajas para tener justificación a la hora de hablar de “avances”, pero el fondo es claro: se recetan más dinero, mantienen la opacidad en la fiscalización de sus finanzas y los demás nos quedamos pitando en la loma, porque no mejora este sistema político corrupto que es el principal responsable de que el país siga en medio de la pobreza, inseguridad, y subdesarrollo, repitiendo cada cuatro años las lamentaciones.
Todavía resta un poco de tiempo antes de consumarse esta nueva burla de los políticos en la cara de los ciudadanos. Hay una necesidad grande de pronunciamientos, de repudio y exigencias de parte de la sociedad civil, de la prensa y de las personas por medio de redes sociales o cualquier otro medio de expresión, para intentar que no se apruebe este verdadero mamarracho de reforma electoral.
La fiscalización ciudadana debe funcionar y mostrar toda su energía en este momento, porque provocar cambios en el futuro será más complicado. La reforma le concede más poder a los dirigentes corruptos, quienes se podrían ver consolidados en sus posiciones por mucho tiempo, algo que viene a ser una especie de condena para el país. La ley actual es mala e insuficiente, pero con las reformas, se produce un paso atrás en las aspiraciones de tener un país mejor en el corto plazo. 
La sociedad civil no se debe dejar deslumbrar por esas “pequeñas e insuficientes” mejoras. Son una trampa. Los diputados deben pensar bien el paso a seguir, porque tarde o temprano, la voz del pueblo se hará escuchar. Ojalá sea más temprano que tarde.