Al menos cinco tipos diferentes de cambio rigen en la economía de Argentina, en una alocada carrera contra la inflación, pero el drenaje de divisas no cesa, señalaron este jueves analistas.

El mercado contabiliza un valor oficial del peso (6,23 por dólar), otro en las operaciones marginales y callejeras (llamado Blue, 9,65) y un tercero establecido de hecho para el turismo (8,38).

El ‘Blue’ se consigue en las denominadas ‘cuevas’ de la city financiera de Buenos Aires de manos de gente que el ingenio popular bautizó ‘arbolitos’ (están plantados en la vereda) y que gritan a la luz del día ‘¡cambio, cambio!’.

El cuarto es el de la compra de autos y embarcaciones de lujo que está aprobando el Congreso y lo llaman Dólar-Mercedes Benz (11,0 pesos) con recargo impositivo de 50%.

Además, está el tradicional para las exportaciones de cereales (4,00 pesos) conocido como Dólar-soja, para los productores, descontados los impuestos.

‘El gobierno está dando claras señales de que la restricción externa (escasez de dólares) está pesando sobre la agenda económica y ha pasado a ser un tema central’, dijo el analista fiscal Nadín Argañaraz en un informe a la AFP.

Los duros impuestos aplicados sobre el turismo al extranjero, de 35% de recargo en los gastos, y el que se aplicará a los vehículos suntuarios, forman parte del afán por ponerle un torniquete a la hemorragia de billetes verdes.

Desalentar el apoderamiento y uso de dólares es el verbo que conjuga el gobierno, pero los argentinos de cierto poder adquisitivo buscan todo lo contrario, capturarlos para protegerse de la inflación, como lo hicieron en el último medio siglo.

‘La falta de dólares hizo que el gobierno (de la presidenta Cristina Kirchner) generara diferentes tipos de cambio, algunos de ellos muy distorsivos de la economía’, dijo a la AFP Juan Carlos Ronderos, experto de la consultora Abeceb.com.

La medida más drástica había sido el cerrojo cambiario para la compra de divisas con fines de ahorro, turismo u operaciones inmobiliarias que impuso Kirchner desde 2011, pero el éxito inicial en bajar la fuga de capitales se convirtió en fracaso.

Además ‘Argentina aplicó medidas francamente proteccionistas al imponer declaraciones juradas para importaciones, con el fin de restringir la salida de divisas. Esto generó descontento en sus socios del Mercosur (Brasil, Uruguay y Paraguay)’, dijo a la AFP el analista comercial Mauricio Claverí.

Con esta política, Buenos Aires se ganó la antipatía en foros internacionales y pudo sostener a duras penas un superávit comercial de unos 10.000 millones de dólares, pero el dilema es que las reservas monetarias del Banco Central no paran de caer.

De hecho, está planteada una carrera para alcanzar a la inflación anual que ya ronda el 30% real según datos de consultoras privadas divulgados por la oposición (las firmas pueden ser multadas si publican sus cifras), pese a que el gobierno aún no arregló sus desprestigiadas estadísticas que muestran un 10% anual de alza del costo de vida.

Alarma amarilla en las reservas monetarias

Otra forma de fuga de capitales es el llamado ‘Dólar-Contado con Liqui’, que consiste en vender títulos bursátiles en Nueva York y depositar el dinero fuera del país.

‘La caída de reservas es el principal problema en la actualidad para sostener el proceso económico’, opinó el economista Andrés Asiain, del instituto Cátedra Arturo Jauretche.

La última cifra de reservas, este miércoles, difundida por el Banco Central, es de 30.649 millones de dólares, con una baja de 2.000 millones en noviembre, 12.000 millones en el año y 20.000 millones desde el récord de 2010.

Esta es una fuerte señal amarilla, pero a este ritmo ¿cuándo aparece la alerta roja?. ‘No hay un número, pero el ritmo de deterioro es insostenible en el tiempo. Es como un reloj de arena que cae y cae’, comentó Ronderos.

‘Ya no se puede hacer piloto automático. Los últimos cambios de gabinete (que permitieron diálogo político y con organismos internacionales) fueron bienvenidos. Pero sólo se toman decisiones para flotar hasta 2015’, señaló Ronderos, en alusión al año electoral.

El valor oficial del peso, adminstrado por el Banco Central, sufre en estas semanas un proceso acelerado de devaluación, impulsado por el gobierno.

En lo que va del año, al cambio oficial, la moneda acumula una devaluación de 20,71%, pero solo desde octubre suma casi 10%.