Ucrania, en plena crisis política, ve cómo su situación financiera se deteriora cada día un poco más y necesita ayuda urgente si quiere evitar una caída brusca de su moneda, o incluso la bancarrota.

Las dificultades de la exrepública soviética, en recesión desde hace más de un año, se remontan a bastante antes del comienzo del movimiento de protesta más importante desde la ‘Revolución naranja’, surgido por la negativa de Kiev a firmar un acuerdo de asociación con la UE.

El déficit público aumenta y las reservas de divisas extranjeras se desploman tras haber servido de fuente a las autoridades monetarias para impedir que se hundiese la moneda nacional, la grivna.

Las reservas cambiarias llegan a un nivel crítico. A este ritmo, los expertos estiman que dentro de poco, el país no tendrá los medios de defender su moneda o de reembolsar su deuda exterior.

‘Las manifestaciones refuerzan el peligro de una caída de la entrada de capitales extranjeros, lo que podría desembocar en una crisis explosiva’, advirtieron esta semana los expertos de Capital Economics.

La incertidumbre que acompaña la crisis política hace que los inversores se mantengan al margen del país cuando más los necesita.

Los mercados están preocupados: el tipo de interés de los bonos de deuda pública a diez años superó esta semana el 10%, muy por encima del de los países europeos en dificultades.

Sylwia Hubar, economista de Natixis, estima que la probabilidad de una quiebra ‘es de más del 50%’. ‘Cuanto más duran las manifestaciones, más difícil es la situación’, asegura.

A corto plazo, el gobierno ucraniano puede alegrarse de no tener reembolsos cuantiosos antes de final de año. Y la subida de los tipos de interés no tendrá repercusiones concretas porque Kiev ya lleva seis meses sin poder captar fondos en los mercados.

Pero, según Capital Economics, el año que viene se anuncia difícil, ya que tiene que reembolsar 5.500 millones de dólares, de los cuales 3.000 millones al Fondo Monetario Internacional y 1.000 millones, al banco ruso VTB.

A muy corto plazo, la principal amenaza sería una caída de la moneda, que tendría consecuencias nefastas para la población.

‘El tiempo apremia’

‘Si la situación se agrava […] corremos el riesgo de despertarnos con un pan más caro’, advirtió el viceprimer ministro Sergui Arbuzov, cercano al presidente Viktor Yanukovich. ‘No hay que luchar contra el gobierno, sino contra la difícil realidad’, declaró a la televisión Kanal 5.

La incertidumbre reinante lleva además a la población, escaldada por las crisis recurrentes desde la caída de la Unión Soviética, a comprar divisas extranjeras para proteger sus economías de una depreciación de la grivna, acentuando así el fenómeno.

‘El desastre no es para mañana, pero el tiempo apremia’, confirma Dimitro Sologub, economista de Raiffeisen Bank Aval en Kiev. Según este experto, las autoridades necesitan ayuda exterior.

El FMI concedió en 2010 una ayuda de 15.000 millones de dólares a Kiev, pero sólo entregó 3.000 millones. Para seguir apoyando al país, la institución exige restricciones presupuestarias impopulares, sobre todo una subida del precio del gas, a la que se oponen las autoridades ucranianas.

Y la UE, dispuesta a concederle 610 millones de euros, condiciona su ayuda a un acuerdo con el FMI.

La decisión del presidente ucraniano de renunciar a un acercamiento a Bruselas para impulsar su cooperación económica con Moscú sacó al relucir la posibilidad de una ayuda rusa, mediante una rebaja de los precios del gas o un crédito.

La industria ucraniana, asentada en el este del país, vería con buenos ojos una mejora en las relaciones con Rusia, su principal socio comercial.