Catar continúa con su expansionismo deportivo, con sospechas de haber conseguido de manera ilegal la organización del Mundial 2022 de Fútbol, y prevé presentarse por tercera vez consecutiva para acoger unos Juegos Olímpicos.

Mundial de fútbol, de balonmano, torneos de tenis, vueltas ciclistas, competiciones deportivas de todos los géneros y de todas las categorías; pero también, compra de clubes, de derechos de televisión, etc… Desde hace una década, la voracidad de Catar no conoce límites.

En 2013, este micro-estado del golfo Pérsico habrá albergado 40 competiciones internacionales y tiene como objetivo acoger 50 en 2030 o, lo que es lo mismo, ‘uno por cada semana del año’, anunció el secretario general del Comité Olímpico de Catar, el jeque Saud Bin Abdulrahman Al Thani, en el congreso de la prensa deportiva internacional, en Doha en octubre pasado.

En la capital, Aspire es uno de los más modernos centros de entrenamiento y de competición del mundo, gigantescas pancartas proclaman la identidad del país: ‘Welcome to Qatar, the bidding nation’ (‘Bienvenido a Catar, la nación candidata’).

La insistencia catarí

Aunque no todos los acontecimientos tienen la importancia de un Mundial, ‘Catar tiene una estrategia de ocupación del terreno’, juzgó el presidente de una Federación Internacional, muy solicitada por Catar, que reivindicó el saber hacer en la gestión de una candidatura.

‘Son las personas más profesionales y eficaces que me he encontrado en este sector’, valoró recientemente Mike Leigh, jefe de una agencia de ‘lobbying’ que ha trabajado en el impulso de varias candidaturas olímpicas que resultaron victoriosas, como la de Río-2016.

En cuanto a los Juegos Olímpicos, ‘la ocupación del terreno’ se traduce en una candidatura casi permanente para los Juegos de Verano. Derrotada en 2016 y en 2020, Doha, prácticamente la única ciudad del país, se presentará de nuevo en 2024.

Y es que no se ha dejado desmoralizar por los comentarios negativos de ciertos miembros del Comité Olímpico Internacional (COI) sobre el clima o la legitimidad de una nación de menos de dos millones de habitantes (de los cuales sólo 500.000 son cataríes) para albergar el mayor acontecimiento deportivo del planeta.

De hecho, las mentalidades evolucionan y, aunque Jacques Rogge acabó públicamente harto de la insistencia catarí, el nuevo presidente del COI, Thomas Bach, parece mucho más cercano a los monarcas del Golfo.

Y Catar no tiene prisa. ‘Que una candidatura no gane no es un fracaso, es una lección. La derrota es normal viendo el número de candidatos, el éxito sí es excepcional. Seguiremos tratando de organizar los eventos más importantes porque creemos en el deporte’, declaró en 2011 el jeque Saud a la AFP.

El salvador de la Ligue 1 francesa

El tiempo juega a favor de Catar, al igual que la crisis, mientras que las incertidumbres económicas hacen dudar al resto de países. ‘Molestan, al presentarse continuamente en poco tiempo, pero ¿quién, hoy en día, es capaz de presentar un cheque con fondos a la FIFA para la obtención de un Mundial a 10 años vista?’, se pregunta un experto. ‘Sólo Catar y Rusia’, sede del Mundial de 2018.

Es por esto que se oyen muchos rumores de compra de derechos organizativos, como los que dejaron caer los dirigentes del balonmano francés, batidos por la candidatura catarí para el Mundial 2015, o los mostrados por los autores de las revelaciones del ‘Catargate’ por el Mundial de Fútbol del 2022.

Más allá de cuestiones éticas, Catar se ha convertido en una referencia más allá de sus fronteras.

En Francia, los dirigentes del fútbol francés se jactan de sus inversiones en el París Saint-Germain y los derechos de televisión, aquiridos por BeIn Sport, filial francesa de Al-Jazeera Sport: ‘El PSG hace que todos vayan hacia arriba. Si Catar no hubiera invertido en los derechos televisivos, ya no existiría la Ligue 1’.

Los cataríes están igualmente omnipresentes en los asuntos institucionales del deporte.

Tras dos ediciones, los ‘Doha Goals’, que se entregan este lunes, se han convertido en el ‘Davos’ del deporte. Un nuevo reconocimiento para el ‘pequeño’ Catar, a la espera de 2022 y, por qué no, de sus Juegos Olímpicos.