Los hechos de esta semana, con sus orígenes y desencadenantes, evidenciaron que estamos en un punto de irrespeto desde la perspectiva socio-política.

En un mundo ideal, las relaciones entre los Organismos del Estado serían de armonía en la búsqueda del interés nacional y de respeto para el fortalecimiento institucionalidad; el Informe de Gobierno se hubiera presentado al Congreso, en el Congreso, y los diputados harían oposición de calidad, en representación de quienes les votaron; los invitados a la presentación de un informe de gobierno serían los ciudadanos que cumplen sus obligaciones y ejercen sus derechos; la inconformidad a la gestión de gobierno se manifestaría de manera propositiva y participativa; en caso de una necesidad médica, los funcionarios serían los primeros en utilizar los servicios públicos porque éstos serían, al menos, de igual calidad que los privados; y un funcionario cuyas capacidades sean cuestionadas por evidentes errores presentaría de inmediato su renuncia (y ésta sería aceptada).

¡Así me imagino una democracia de primer mundo en Guatemala! Lamentablemente esta semana quedó evidenciado que la historia nos hará cometer los mismos errores… juegos perversos que únicamente nos atrasan como país y como sociedad. El debate que ahora debería posicionarse en torno al informe del segundo año de Gobierno se pierde entre las reacciones del “espectáculo” bochornoso que enseñamos al mundo. Y sea quien sea el autor intelectual sólo hay una palabra para calificarlo: “LAMENTABLE”.
Somos varios los convencidos que las nuevas generaciones debemos asumir un rol para cambiar las prácticas nefastas de nuestros antecesores pero hoy nos tenemos que tragar las palabras al ver a jóvenes, que ni siquiera llegan a dos décadas, representar tan lamentablemente “relevo generacional”. ¡Todo lo contrario! ¡Somos la nueva generación en Guatemala la que debemos demostrar CÓMO SE DEBEN HACER LAS COSAS…. BIEN!

El debate hoy en Guatemala está manchado y polarizado por casos sobre libertad de expresión, agresiones a funcionarios públicos y campaña política anticipada. En su lugar, deberíamos estar analizando cifras de dos años de gestión, proponiendo políticas para mejorar la situación en salud, seguridad y educación. ¿Y las Comisiones de Postulación? ¿Y las elecciones en Quiché? ¡Deberíamos tener debates de altura que muchos envidiamos del primer mundo!
Pero los hechos de esta semana, con sus orígenes y desencadenantes, nos evidencian que estamos en un punto de irrespeto institucional, normativo y personal que es grave desde la perspectiva socio-política.