Las grandes economías emergentes del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) prometieron este jueves en Davos proseguir sus reformas estructurales para redinamizar sus ralentizadas economías, y se mostraron optimistas.

Los BRICS ‘aún están en su juventud’, y ‘son un grupo de países que seguirá liderando el crecimiento de la economía mundial’, afirmó el ministro brasileño de Hacienda, Guido Mantega.

No obstante, tanto Mantega como su par de Sudáfrica, Pravin Gordhan, coincidieron en que el crecimiento de los BRICS no volverá a ser tan exuberante como antes de la crisis financiera mundial iniciada en 2008.

Liu Mingkang, del think tank hongkonés Fung Global Institute y ex banquero central, afirmó que el crecimiento económico en China podría ser de 7% a partir de este año, lejos del exuberante 10,4% de 2010.

Pero ese 7% ‘está bien para China’, pues detrás de él hay una transición hacia un modelo económico más basado en el consumo interno, y no tanto en las exportaciones.

Ese dato, añadió, también traduce la necesaria ‘reducción de la sobrecapacidad en la industria pesada’, y del endeudamiento de los municipios, señalado como uno de los puntos débiles de la segunda economía mundial.

Mantega coincidió en que un crecimiento de 7% en China los próximos años, después de un 7,7% en 2013, ‘es una buena contribución para la economía mundial’.

Tanto Mantega como Gordhan y el titular indio de Economía, Palaniappan Chidambaram, incidieron en que el hecho de haber sacado de la pobreza a millones de personas en sus respectivos países es una valiosa reforma estructural, y prometieron proseguir con éstas.

El ministro sudafricano incidió en el esfuerzo de diversificación de la economía, ‘con una mano de obra más cualificada’.

Y Mantega defendió la idea de ‘privilegiar la expansión de las inversiones’ públicas y privadas, en energía, electricidad e infraestucturas de transporte, recuperando ‘el tiempo perdido’ en los últimos treinta o cuarenta años.

Según las proyecciones del gobierno y del mercado, la economía brasileña habría cerrado 2013 con un crecimiento del 2,3% del PIB. En 2012 el crecimiento fue de apenas 1%, menos que en 2011 (2,7%) y 2010 (7,5%).

El ministro de Hacienda se defendió también en el debate de que su gobierno haya invertido ‘demasiado dinero’ en la construcción de estadios para el mundial de fútbol de este año, afirmando que ‘la mayor parte de los recursos está siendo invertida en infraestructura’.

Mantega restó de paso importancia a las retiradas de capitales observadas en Brasil desde que en mayo la Reserva Federal estadounidense anunció que reduciría su inyección mensual de 85.000 millones de dólares en la economía norteamericana, anuncio que se hizo efectivo a fines del pasado año.

Según él, más importante que eso es la recuperación de la mayor economía mundial, con un ritmo esperado de crecimiento del 3%, ‘un dato positivo para Brasil’ por el esperado aumento de la demanda de energía.

Según un estudio publicado el miércoles por la consultora británica FTI Consulting, Brasil va a ser, después de España, el país más impactado por la retirada progresiva de esas medidas de estímulo en Estados Unidos.

Una conclusión que hay que tomar no obstante ‘con cierta distancia’, según Mark Malloch-Brown, analista de esta consultora, ya que ‘los fundamentos de la economía brasileña son robustos’ y el compromiso del gobierno con la inversión invita al optimismo.

Más pesimista, Nariman Behravesh, economista en jefe de la consultora IHS, declaró a la AFP que Brasil no ha hecho gran cosa en materia de reformas en los últimos diez años, limitándose a aprovechar el crecimiento mundial y los altos precios de las materias primas, ahora a la baja.

Según él, la presidenta Dilma Rousseff ha tomado conciencia de que necesita a inversores exteriores, si bien, en el clima actual, ‘el coste de hacer negocios en Brasil es muy alto en términos de regulación e impuestos’.