Ben Bernanke, que preside este martes y miércoles por última vez la reunión de política monetaria de la Reserva Federal (Fed), es un antiguo profesor de economía especializado en la Gran Depresión, a quien se reconoce su papel en la salida de Estados Unidos de la crisis.

Tras casi ocho años al frente del banco central estadounidense, Bernake, de 60 años, deja el viernes su lugar a Janet Yellen, su actual vicepresidenta. Es la primera vez en la historia de la institución que una mujer asume el cargo máximo.

Este discreto académico pasó al primer plano a raíz de la crisis inmobiliaria y financiera de 2008, cuando su actuación fue muy criticada.

Nombrado en 2006 como sucesor de Alan Greenspan -conocido como ‘el oráculo’ tras 18 años en la dirección de la Fed-, Bernanke fue acusado de tener que apagar un incendio que él mismo había provocado al favorecer una burbuja inmobiliaria que no se vio venir.

En este sentido, él mismo ha admitido que fue ‘lento en reconocer la crisis’.

No obstante, hizo frente al colapso financiero, con una política de estímulos monetarios sin precedentes, manteniendo la tasa de interés próxima a cero e inyectando liquidez masiva en el circuito financiero.

‘Tomamos medidas extraordinarias para hacer frente a desafíos económicos extraordinarios’, comentó recientemente, recordando que la ayuda a los bancos en problemas durante la crisis fue muy impopular.

Bernanke fue apodado ‘Ben el helicóptero’ tras un discurso en 2002 que, visto en retrospectiva, parecía premonitorio. En ese entonces evocó una teoría del economista Milton Friedman, que describía a un banquero que lanzaba gran cantidad de billetes desde un helicóptero para combatir la deflación.

Este especialista de la crisis de los años 30 se obsesionó por no repetir los errores de la Gran Depresión, recordando que la política restrictiva de la Fed en ese entonces no hizo más que acelerar la caída de la producción y el empleo.

‘Hay que tener esto en cuenta al considerar las respuestas de la Fed a la crisis de 2008-2009’, dijo Bernanke a comienzos del año en Filadelfia, y reconoció haber pasado muchas noches de insomnio durante ese periodo.

Bernanke también se manifestó orgulloso de haber logrado una mayor transparencia en el banco central, otro de sus grandes objetivos.

De manera delicada, este hombre barbudo y calvo fue transformando las costumbres de la institución.

Fue él quien introdujo, por ejemplo, la tradición de una conferencia de prensa cuatro veces al año tras las reuniones del Comité de Política Monetaria.

A quienes afirman que su política benefició más a Wall Street que a los hogares, Bernanke responde que, por el contrario, su gestión mejoró la situación financiera de la población. ‘La Fed hizo una importante contribución al bien de la clase media y de los más pobres’, argumentó en noviembre pasado.

Bernanke también es considerado ejemplo del trabajo duro para lograr el éxito. Hijo de una farmacéutico y una maestra, se crió en Dillon, una pequeña ciudad de Carolina del Sur (sureste), y luego hizo una brillante carrera en Harvard, antes de obtener un doctorado en Economía en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y enseñar en la universidad de Princeton, donde dirigió el departamento económico entre 1996 y 2002.

Fue nombrado gobernador de la Fed en 2002, pero en 2005 abandonó el cargo para presidir el grupo de consejeros económicos del entonces presidente Georgo W. Bush.

El propio Bush fue quien lo designó para un mandato de cuatro años al frente de la Fed, que luego Barack Obama renovó por su ‘trabajo formidable’ para salir de la crisis.

Para este padre de dos hijos de gustos simples, la felicidad suprema consiste en resolver los crucigramas de The New York Times un domingo en compañía de su esposa.