Este gobierno quiere seguir gastando a manos llenas y por ello sigue proponiendo presupuestos irresponsablemente sobreestimados por el lado de los ingresos y abultados por el lado del gasto. Y es que el presidente y los funcionarios que tienen que ver con el presupuesto para el próximo año quieren quedar bien con todos los grupos sociales que le presionan.

El problema radica en que no hay modo que el presidente entienda que los guatemaltecos saldremos perdiendo esta batalla. Ya veo un año 2015 de elecciones que se complicará por un mayor déficit fiscal, requerimientos de más préstamos de urgencia, problemas de desabastecimiento en salud y otros ministerios por falta de pago a los proveedores, sueldos atrasados, incremento de la deuda flotante y de la deuda pública total, bloqueos, disturbios y cuántas cosas más. Todo por esa insistencia en querer gastar mucho más de lo que se tiene. El gobierno se cree Santa Claus pero no lo es.

Los diputados están negociando una reducción del presupuesto pero el gobierno insiste en que no. Se hablan de Q.2 mil millones de reducción, El proyecto de presupuesto para el 2015 es de Q.71 mil millones con un déficit fiscal del 2.5%. El servicio de la deuda consumiría el 14.6% del total de estos ingresos.

Para mí, una reducción de Q.2 mil millones es insuficiente. Sin embargo, bastaría con eliminar el innecesario ministerio de desarrollo social para lograr una reducción de esos Q.2 mil millones.

Si en verdad quisiéramos un presupuesto balanceado ¿por qué no proponer un techo de unos Q.60 mil millones y congelarlo hasta que la deuda se elimine? Habría que recortar en todos los rubros menos en los de seguridad y justicia. Habría que eliminar ministerios y programas que son populistas y que más bien parecen favorecer al partido político que gobierna. En fin, se necesitaría un verdadero estadista que quiera que Guatemala vuelva a tener unas finanzas sanas y que el país despegue con un mayor crecimiento económico.

Pero no, no hay esa intención. El gobierno actual ha dicho que no quiere reducir su presupuesto ni siquiera en esos Q.2 mil millones. Tiene demasiados compromisos. Y es que a nadie le gusta apretarse el cinturón. Un padre de familia cuando está en una situación similar no tiene más remedio que cortar gastos y lo primero que hace es comenzar con los menos importantes. Reúne a su esposa y sus hijos y les dice: “Estamos pasando por un apretón financiero y necesito que todos colaboremos para que reduzcamos los gastos en este hogar. Dejaremos de ir al cine, de comprarnos algunos gustitos que no necesitamos, apagaremos las luces cuando no las necesitemos, cuidaremos más que no se desperdicie el agua, usaremos menos el automóvil, eliminaremos ese viaje de vacaciones que teníamos planificado y muchas cosas más. Todo esto hasta que la situación mejore”.

La familia colabora aceptando la situación real. No hacen bochinches ni le hacen bloqueos al papá, al contrario, alguno de los hijos comienza a trabajar para aportar algo a la familia, la esposa selecciona mejor sus compras en el mercado para lograr ahorros por este lado y todos colaboran sabiendo que es por el bien de la familia y su futuro.

¿Por qué no pasa así en el gobierno? ¿Cuál es la insistencia en gastar más y más? La respuesta que dicen es que nuestro gasto fiscal es bajo. ¿Y qué? Les respondo yo, los países desarrollados lo lograron en su momento con bajo gasto fiscal pero además, les recuerdo, con finanzas equilibradas y no irresponsablemente como lo quieren hacer ahora nuestros gobernantes, con déficit fiscal creciente y un endeudamiento cada día más asfixiante.