Hace una semana el Diálogo Interamericano, uno de los tanques de pensamiento más influyentes de la región, celebró la primera reunión de la Comisión Para una Educación de Calidad para Todos. Participo en dicha comisión con la esperanza de lograr mejoras en una temática históricamente resistente al cambio.

En la última década, América Latina ha tenido avances significativos en cuanto a acceso, cobertura e inversión pública en educación. Esto demuestra que todos entendemos la importancia de la educación y muchos gobiernos han respaldado dicha afirmación con aportes presupuestarios. A nivel regional, la inversión ha tenido un crecimiento significativo, llegando a un promedio de 4.8% del PIB en 2011, justo por debajo del promedio mundial. Un caso a destacar es Costa Rica, cuyo gobierno ahora destina 7% del PIB, invirtiendo no solo en conocimiento sino también en emprendimiento, tecnología, inglés, etc. En el caso de Guatemala, el gobierno invierte únicamente el 3% del PIB en este ámbito.

A pesar de estos logros, la región exhibe grandes rezagos contra otros sistemas educativos alrededor del mundo. América Latina no logra los altos niveles de productividad que sí están logrando otros países con similares niveles de inversión. Aunque se ha incrementado la disponibilidad, la calidad educativa aún sigue siendo muy baja. Prueba de ello son los resultados de las pruebas estandarizadas, los cuales muestran niveles muy bajos de aprendizaje. La prueba PISA de 2012 evaluó a jóvenes de 15 años en 65 países, 8 de ellos de América Latina. Las puntuaciones obtenidas revelaron que los países latinoamericanos, en todas las materias, se situaron entre los 20 con peores resultados.

Los sistemas educativos de nuestra región se desarrollaron alrededor de intereses políticos y sectoriales de generación de empleo, en lugar de basar su diseño alrededor de los niños. Lamentablemente, como no existe una rendición de cuentas, los abusos se dan justo frente a nuestras narices. Por ejemplo, una reciente auditoría de maestros en México reveló que existen 300mil plazas fantasma. Con este tipo de sanguijuelas, no habrá presupuesto alguno que alcance.

Estos comportamientos se contrastan con los de otro gran porcentaje de maestros muy dedicados a la educación, con mucha voluntad de superación y con vocación hacia los niños. El gran reto entonces es: ¿cómo promover cambios a nivel regional que mejoren la calidad educativa y a la vez resalten y dignifiquen la profesión docente? ¿cómo motivar a ese gran porcentaje de maestros que realizan una buena labor docente a que continúen con esa entrega en ese proceso de auto superación? Además, debemos entender que el mundo de hoy exige una serie de competencias que van desde aptitudes interpersonales, hasta habilidades tecnológicas. No basta evaluar las competencias de lectura y matemáticas. Nuestros procedimientos de medición deben cambiar. ¿Cómo entonces creamos sistemas educativos para el éxito de nuevas generaciones en todo aspecto? De tal cuenta, ¿cómo dotamos a los maestros de las herramientas necesarias para poder formar en un sentido más integral?

La Comisión, presidida por los ex presidentes Ernesto Zedillo de México y Ricardo Lagos de Chile, trabajará durante 12 meses para encontrarle solución a tales incógnitas. Su trabajo se centrará en cinco áreas que han sido definidas como los principios fundamentales para una educación de calidad para todos. Éstas son: (i) inversión temprana para sentar las bases del aprendizaje, (ii) sistemas educativos basados en la excelencia docente, (iii) estándares, competencias y evaluación como guías de la gestión educativa, (iv) innovación en los modelos educativos y (v) financiamiento sustentable. El objetivo es proponer una agenda de cambio que movilice el interés y el compromiso de líderes políticos y empresariales, medios de comunicación y sociedad civil, con el fin de hacer frente a los obstáculos que se interponen al necesario cambio. A finales de 2015, presentará un resumen diagnóstico de la región, incluyendo recomendaciones prácticas y especificando metas e indicadores medibles, las cuales coloquen a nuestra región en un rumbo sostenible para mejorar la calidad educativa.

Una educación de calidad es de los mayores desafíos que enfrenta América Latina, pero también es una de las mayores oportunidades. Para ser efectivos, los cambios no pueden quedarse solo en el discurso, sino deben llegar al aula de clase. Sin embargo, si queremos que eso suceda, todos debemos exigir y formar parte de esta transformación. Si no mejoramos de manera radical el desempeño de nuestro sistema educativo, nuestro rezago se convertirá en definitivo. Esto supone un cambio de urgencia. En palabras de Nelson Mandela, “la educación es el arma más poderosa que podemos usar para cambiar el mundo”.

www.salvadorpaiz.com
@salva_paiz