No había tenido ocasión para comentar que el pasado 9 de noviembre se cumplieron 25 años de la caída del Muro de Berlín. El suceso es importantísimo dentro de la historia mundial pues simbolizó la caída del comunismo y supuso la reunificación de Alemania.
Durante la ocupación soviética en Alemania, el mariscal Zhukov autorizó la creación de partidos políticos en la zona que tenían bajo su control. El líder que finalmente se alzó con el cargo de presidente del Consejo de Estado fue Walter Ulbricht, un comunista que volvía del exilio tras la muerte de Hitler.
Ulbricht gobernó siempre bajo el consentimiento y lineamientos soviéticos. La frase que definió la gestión del sujeto de marras fue una expresión que se le atribuye y que decía algo así como: “tiene que parecer democrático pero debemos tener todo en nuestras manos”.
Bajo esta premisa los candidatos de altos mandos y caras públicas eran personajes con cierta trayectoria conocida pero los mandos medios y de decisión eran afines a la cúpula que gobernaba. De esta forma se instauró un régimen socialista, es decir, una economía centralmente planificada y dirigida por un sistema totalitario.
La URSS reclamaba para sí toda la zona de Berlín y exigía a los aliados la desmilitarización de la zona que ocupaban. Los aliados no accedieron y Berlín ya estaba dividida de cierta forma. Por un lado (el ocupado por los aliados, el occidental) había una economía relativamente libre y por el otro (el oriental, ocupado por la URSS) una economía centralmente planificada.
Al ver que sus peticiones no se veían satisfechas, la URSS decidió cortar toda comunicación hacia el Berlín occidental por vía de ferrocarril, carretera y zonas fluviales. Esto como medida de presión y coacción para evitar que se formase la “Alemania Occidental”. Sabemos que esto no bastó y los aliados dieron toda la ayuda necesaria para la supervivencia de la población por vía aérea.
Una parte muy grande de los habitantes del sector oriental trabajaban en el sector occidental. Ya una muestra del mejor desempeño que tenía la economía flexible del occidente. Pero el comunismo no es ni democrático ni amante de la libertad y al ver que el flujo de gente se movía al otro sector, Ulbricht decidió construir el muro para evitar la fuga de personas hacia el occidente.
Ulbricht lo llamó “el muro antifascista”. En realidad era una muestra patente del fracaso de la economía centralmente planificada y más que “antifascista” era un crimen de lesa humanidad encerrar a sus habitantes con un vergonzoso muro.
Veinticinco años después parecía que habíamos superado el fracaso de las economías centralmente planificadas y sobre todo de los gobiernos autoritarios que son la base de estos sistemas económicos. Lamentablemente vemos que, especialmente en nuestra región, los problemas aun no han sido superados. Tenemos gobiernos que socaban las bases del Estado de derecho en Venezuela y otros que de manera paulatina socaban lo poco que hay de institucionalidad en la región.
Utilizan la misma jerga. Se refieren a los opositores como “fascistas” y utilizan la envoltura de “sistemas democráticos” para legitimar sus acciones. No es casualidad que la Alemania del muro, la fracasada, se haya llamado también República Democrática. Estos nuevos dictadores aprendieron e hicieron suya la frase de Ulbricht: sus sistemas parecen democráticos, pero tienen todo bajo su control.