Hace unos días participé en una reunión de amigos preocupados por Guatemala y su futuro. Durante la plática me sorprendió muy gratamente alguien que hizo una apología de “los columnistas”, halagó mi ego. Siempre creí que un columnista era un redactor o periodista que escribía una columna firmada en un diario o revista y que en su columna expresa su opinión o punto de vista. Sabía que el columnista basa lo que escribe en sus conocimientos y experiencia en base a lo cual desarrolla sus columnas. Creía también que los columnistas se especializan en alguna materia dando a conocer su opinión sobre política, asuntos internacionales, culturales o sociales, incluso deportivos. También hay columnistas que por su experiencia tratan sobre diferentes temas sin especializarse en uno solo. Para que la colaboración del columnista sea publicada debe escribirla en un formato y extensión acordado de antemano con su editor. Sabía yo, que algunos columnistas han sido un referente en el medio en que publica; columnistas con los cuales los lectores se identifican por el pensamiento o por la ideología del escritor de la columna. En la historia de Guatemala siempre viene a mi mente don Clemente Marroquín Rojas, quien además de ser periodista era abogado, historiador, político y conocedor de la psicología e idiosincrasia de los Chapines. Sus artículos o columnas escritas diariamente convirtieron a don Clemente en un ícono del periodismo nacional y todo Guatemala comentaba lo que él escribía. Y es que dada la dimensión pública de su oficio, el periodista de opinión o columnista es susceptible de convertirse con facilidad en una figura popular, digna de ser admirada por el público. En España ha habido periodistas como lo fueron Pio Baroja, Juan Ignacio Luca de Tena, Torcuato Luca de Tena y ahora Arturo Pérez-Reverte que además es un brillante novelista y que se ha convertido en una celebridad en su país. Igual ha sido en otras partes, por ejemplo en México ha habido personajes como Luis Spota o Jacobo Zabludovsky, en Colombia un Álvaro Mutis o Gabriel García Márquez. Ahora con los norteamericanos la cosa ha sido mucho más grande por la trascendencia que han logrado tal el caso de un John Reed que fue testigo de la Revolución mejicana o un Ernest Hemingway que vivió entre otras la Guerra Civil Española. Sin embargo, después de ya muchos años de escribir artículos en varios diarios nunca había escuchado a alguien referirse a los columnistas como lo hizo uno de los presentes en la reunión de marras. El amigo que tomó la palabra para hablar de lo que es y representa un columnista fue impresionante para mi, tal vez porque nunca lo pensé como él lo hizo. Dijo él:
“El columnista es valiente, porque dice lo que piensa sin temor a las consecuencias, que en nuestro país pueden ser cosa seria y siempre son consecuencias personales”. Dijo: “Los columnistas de mejor reputación son aquellos que, a través de años de experiencia consiguen aportar a la sociedad una nueva perspectiva de esa realidad que también pretenden mejorar. El columnista que lleva años en el oficio ha demostrado una consistencia en lo que dice y piensa. Es impensable que un columnista que por años defiende una postura, de la noche a la mañana, cambie de parecer ya que con ello se desdibujaría. Debe mostrar talento o el medio no lo mantendría publicando, además debe tener publico que le siga y guste de lo que escribe.” Yo me permito agregar: los columnistas contribuyen a la existencia de la República y de la Democracia. Me alegro mucho, nunca lo había pensado.