Hace un par de semanas tuve oportunidad de compartir dos días y medio con emprendedores de diferentes partes del mundo, varios de ellos con éxito reconocido. Después de escuchar una serie de ideas disruptivas de cómo puede educarse a un emprendedor, de acuerdo a sus propias experiencias, varios temas quedaron dando vueltas en mi mente.

Uno de los más valiosos considero que fue el de “confianza creativa”. Muchos piensan que la creatividad está reservada para aquellas personas que son innovadoras o aquellas que muestran ser buenas diseñando, pero nada es más falso que esto.

Dentro de la confianza que un ser humano tiene en sí mismo, se encuentra un tipo de confianza de la que pocas veces hablamos: la confianza creativa. La cual se refiere a aquella confianza que una persona tiene en sí mismo que puede desarrollar ideas nuevas y valiosas. El sistema educativo tradicional está basado en convertir a todos los estudiantes en obedientes aprendices de pasos, teorías y procedimientos. No dudamos que esto sea también valioso, pero quizás estamos olvidando una capacidad que poseemos los seres humanos y que probablemente estemos subutilizando, o incluso limitando: la capacidad creativa.

El ser humano tiene la oportunidad de desarrollar esta capacidad de crear. Aunque el tema es extenso y apasionante, pues nos muestra a un ser humano sin límites, nos enfocaremos en tres formas de fortalecer esa confianza creativa.

De acuerdo a muchos estudios hechos sobre el tema, lo primero que necesitamos es creer que somos capaces de ser creativos. Esa creencia despertará el interés auténtico por mejorar en este aspecto. Se dice que, lo que más limita la creatividad es la desconfianza que tenemos en nosotros mismos de que somos capaces de crear algo que valga la pena. Nos sentimos seguros cuando repetimos patrones ya existentes, cuando hacemos cosas que otros han probado antes y que sabemos que son correctas. Entonces nuestra acción está orientada a hacer las cosas lo más parecidas a lo que ya existe, esa semejanza garantiza el resultado. Cuanto más parecido, más certeza que saldrá bien.

El pensamiento creativo es precisamente lo opuesto, empieza por entrenarnos a ver las cosas desde diferentes puntos de vista. Se refiere a ver cada situación, cada sujeto, cada objeto desde distintos ángulos. Podemos darnos cuenta que existen varias versiones de la misma cosa, parece que es una verdad relativa. Tener esta habilidad nos permite descubrir un número amplio de acciones para afrontar cada situación.

Y el tercer aspecto en el que necesitamos trabajar es en identificar nuestros miedos y temores más escondidos, los cuales terminan limitando esta capacidad para crear. ¿Qué es lo que, en lo más profundo de nosotros, nos limita a intentar? Los hermanos Kelley en su libro sobre este tema mencionan que puede hacerse un proceso para aproximarnos poco a poco a estos miedos y temores; después de un período corto pero de constante acción con pequeños logros, podemos llegar a superar lo que nos limita. De hecho, cuentan sobre un estudio con un número importante de casos en los que estas personas que superan sus miedos, después de un par de años, siguen mostrando que han aprendido la forma en que sistemáticamente puede sobrepasar cualquier circunstancia que los limita. Es como entrenar para superar nuestros temores.

No hay duda que los modelos de creatividad más agresivos generan un nivel de entusiasmo en sus autores. Las personas se sorprenden de lo que son capaces de hacer cuando aprenden a creer que ellos pueden ser fuente de nuevas ideas, cuando ven el mundo desde diferentes perspectivas y les abre una variedad de rutas o nuevos caminos de solución, y cuando saben cómo enfrentar todo aquello que los limita, que muchas veces está adentro de ellos mismos.
Y tú, ¿Cómo te ves en estos tres aspectos? Quizás son áreas en las que puedes trabajar todos los días y hacer la “confianza creativa” más sólida en ti.