En los últimos meses se ha intensificado la propaganda putinista en todo el mundo. América Latina no es excepción. Por lo menos enero pasado distintos medios escritos latinoamericanos dedican sus espacios al unísono a la alabanza de Rusia, de su presidente y, ¡qué barbaridad!, de su economía. Es evidente que solo en dos casos se puede loar un régimen tan aberrante como el de Putin en un país sometido al autoritarismo y a la falta de libertades como Rusia: por ignorancia o por encargo.

Para analizar qué es lo que pretende Rusia –con su Presidente Putin a la cabeza- en América Latina, es necesario analizar primero el poder que ejerce este político en su país y, en segundo lugar, ver de manera objetiva el verdadero lugar de Rusia en el mundo.

Desde el 1999, año cuando Boris Yeltsin renuncia a la presidencia de Rusia y la “hereda” Putin, este viene aniquilando las bases republicanas del gobierno. Y qué ironía: el país cuyo nombre oficial es Federación de Rusia de federación no tiene absolutamente nada.

Putin, este personaje de la misma estatura que Hitler y Stalin y, como él mismo ha manifestado más de una vez, seguidor de este último en la política, ha traspasado la delgada línea entre el autoritarismo y el totalitarismo. De hecho, está en la recta final para llegar a este punto de la dictadura, “apoyado por la mayoría”. El populismo, la manipulación de las mentes débiles de sus súbditos y las desmedidas ansias de lo que él llama “restablecer el poderío de Rusia en el mundo”, pero que en realidad es su aspiración enfermiza al poder absoluto, todo ello han hecho su efecto.

Lo propio hace Rusia con sus vecinos. Las acciones de los terroristas, enviados y apoyados por Kremlin, en el sudeste de Ucrania – en las regiones obreras-proletarias de Donetsk y Lugansk – se basan en el terror que imponen a la población y asesinatos de los defensores de su patria, Ucrania, y han desatado una ola de secuestros de los periodistas, políticos, empresarios, observadores de la OSCE y otras personas. Los mamarrachos del referéndum y sobre la independencia de estas regiones y las elecciones en sus “órganos de gobierno”, organizados por los terroristas impostores autoproclamados “gobiernos de Donetsk y Lugansk”, tampoco han podido convencer al mundo de la legitimidad de los actos de Putin y de su camarilla.

Eso sí, entre los rusos Putin ha llegado a tener los índices de popularidad por las nubes: hasta el 89%. Esto demuestra, en primer lugar, la incapacidad completa de la gente (o, en este caso, de rebaño) de razonar, y, en segundo lugar, los niveles de populismo y demagogia putinista. Además, cabe recordar, que desde el marzo pasado el gobierno de Putin ha logrado clausurar prácticamente todos los medios de comunicación opositores y está intentando callar hasta los medios electrónicos, como, por ejemplo, blogs, twitter y otros, con constantes amenazas de su cierre o de su prohibición bajo pretexto de no cumplir las leyes que muy a medida aprueba el parlamento a diario.

Básicamente, la idea de toda esa publicidad que hacen los medios de comunicación a Rusia y a Putin en el mundo en general y en Latinoamérica en particular consiste en repetir las mentiras de lo estable que es la economía rusa, lo grande que es Putin porque “se opone a la hegemonía de los EEUU y del Occidente” y que ojalá vengan los empresarios rusos a este continente americano para rescatar sus economías. En fin, una cantidad de fantasías por centímetro cuadrado impresionante. Claro, es muy fácil manipular la mente de un público acechado por sus propios problemas locales y que poco sabe de aquel país tan lejano y exótico.

En primer lugar, cualquier persona que de verdad se interesa por Rusia, su economía y su situación política con el objetivo de buscar las inversiones, sabe con precisión que ni tiene una economía estable ni es un país “salvador” de nada y de nadie. Para comprobarlo, se puede acudir a los numerosos índices que se presentan cada año sobre múltiples aspectos sociales de cada país del mundo. Y, por cierto, todos estos índices son bastante odiados por la propaganda rusa porque desmienten lo que con tanto esmero se crea en las mentes débiles, sobre todo de los propios rusos.

Por ejemplo, los últimos estudios sobre la libertad económica y sobre la percepción de la corrupción, realizados por The Heritage Foundation respectivamente, ubican Rusia entre los estados más fallidos en las áreas indicadas. En ambos casos, por ejemplo, Guatemala está mejor evaluada que el país asiático: en el lugar 139 (de 171) en el primer índice, siendo “economía controlada” (¿por Putin y sus allegados?), mientras Guatemala está en el puesto 85, economía moderadamente libre. En el segundo ranking Rusia está en el lugar 127 de 177, siendo uno de los países más corruptos del mundo. Y todo eso a pesar de tener el PIB entre los más altos del mundo.

Otro estudio que hay que tomar en cuenta para “hacer amistades” geopolíticas y de inversión es el Índice Global de la Paz (Global Peace Index). Según la organización Vision of Humanity, que realiza y distribuye esta investigación, Rusia resulta ser uno de los estados menos pacíficos en el mundo (lugar 152 de 162), justo antes de Corea del Norte y a la par de tan “distinguidos” países como Iraq, Afganistán, Pakistán, Sudán o República Centroafricana.

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