A una semana de que la Corte de Constitucionalidad finalmente resolviera las acciones interpuestas en contra del proceso de elección de magistrados de Corte Suprema de Justicia y Corte de Apelaciones por el Congreso de la República, empieza a configurarse un escenario muy importante para el país. Es evidente que el fallo emitido por la Corte no fue del agrado de muchos, en particular los actores que estuvieron detrás del proceso y que quisieron enmendar la elección; sin embargo, considero que de todo esto se deben aprovechar las circunstancias para lograr canalizar una discusión responsable sobre las necesarias reformas que precisa nuestro sistema político en general. Hoy más que nunca se hacen palpables las exigencias de una gran porción de la sociedad que clama por un overhaul al sistema, un sistema que a mi parecer ha fracasado y obligatoriamente requiere ser repensado.

Aunque los recientes hechos han causado gran revuelo en la sociedad, particularmente en lo que a la elección de magistrados se refiere, considero que sólo es la punta del iceberg de una tema que va mas allá del fallo que emitió nuestro Tribunal Constitucional el pasado miércoles. Lo digo, pues el 2014 se ha caracterizado principalmente por evidenciar las deficiencias de nuestro sistema político que no reúne las características necesarias de un verdadero Estado de Derecho. Las Comisiones de Postulación a todas luces han sido ese punto de partida para que varios de los representantes de los diferentes sectores coincidan en una misma agenda, una agenda sin ideología y que lo que debería buscar es el fortalecimiento de nuestras instituciones. Creo que la coyuntura amerita que los esfuerzos emprendidos las últimas semanas por estos sectores puedan ser potencializados para lograr la tan anhelada reforma a nuestro sistema de justicia y posteriormente a nuestro sistema político.

Esto por supuesto se debe lograr con consensos de todos los sectores (sociedad civil, medios de comunicación, sector privado, etc.) para que de esa forma no solo se consigan reformas adecuadas sino que éstas también sean legítimas. Es necesario que exista verdadera representatividad para que de forma colectiva construyamos las instituciones que todos queremos. Esto va mas allá de ideologías y de diferencias políticas, lo único que nos debe guiar es el anhelo de buscar verdadera justicia por medio de instituciones fuertes. Las experiencias del pasado nos deben  dirigir a la toma de decisiones más acertadas y reconocer cuáles son los cambios que necesitamos en el presente.  Será una tarea titánica, pero que definitivamente debe ser emprendida con mucho esfuerzo para lograr un  objetivo histórico.

Albert Einstein solía decir que locura era hacer la misma cosa un y otra vez, esperando obtener diferentes resultados. Como guatemaltecos no podemos esperar más de un sistema que ya llegó a su límite y ha fracasado desde hace varios años. Aunque considero que la ecuación perfecta requiere de varios componentes, nuestro actual engranaje ya no está funcionando, agravando cada vez más a nuestra precaria institucionalidad. La reforma es eminente, pero lo que determinará su éxito seremos nosotros.

Twitter: @santipalomov