Más allá de honrar y reconocer las buenas prácticas de estos once educadores, me parece importante que se rescate lo bueno de una labor bien hecha. Esto, no solo para motivar a estos mentores a continuar en este camino, sino también para promover experiencias positivas que sirvan como inspiración a otros.

En el campo de la psicología cognitiva, existe una premisa llamada el principio de atracción. Dicho principio dice que cuando pensamos de una manera positiva, vivimos experiencias más placenteras y tenemos la fortaleza y perseverancia para concretar nuestras metas. Los diez maestros 100 puntos y el director 100 puntos, son un vivo ejemplo de que esta premisa es verdad. Seguramente llegar a este punto no les fue fácil pero, a pesar de las limitantes físicas y financieras que deben sobrepasar, les fue posible producir resultados extraordinarios y crear un cambio trascendental dentro de su comunidad con proyectos que van desde programas de emprendimiento agrícola, hasta el fomento de la lectura y el amor por las matemáticas.

Esto resalta más en Gilberto Aquino Choc, el primer director 100 puntos, proveniente de Santo  Domingo Xenacoj, Sacatepéquez. En una comunidad donde más de la mitad de la población es pobre, muchas familias se desintegran debido al alcoholismo y donde el nivel de desempleo llega a los límites, Gilberto ha logrado transformar su escuela en un refugio para los niños, fomentando el amor hacia su establecimiento y su participación en distinto tipo de actividades académicas, reduciendo la repitencia y la deserción. El profesor Choc no solo ha sabido llevar de una manera óptima el liderazgo educativo, sino también una buena labor de gestión financiera y de proyectos, logrando así alianzas con otras fundaciones que lo han ayudado a avanzar significativamente en infraestructura, en el manejo de recursos y a nivel pedagógico.

La dirección de un centro escolar es una labor que no puede ser subestimada. Un buen director debe presentar resultados en la gestión del centro y el nivel de aprendizaje de los alumnos, pero también debe ser el puente entre el centro y la comunidad, fomentando la convivencia y las buenas relaciones humanas. Una escuela es el campo de juego, los maestros son los futbolistas y el director es el entrenador. Es él el responsable de mantener un ambiente de trabajo amigable, de atraer y retener buenos docentes, coordinar sus labores e impulsar la colaboración y trabajo en equipo. Para mejorar la educación de nuestro país, es preciso transformar las escuelas. No obstante, sin directores preparados y competentes, el buen funcionamiento de una escuela no es posible.

Hoy quiero agradecerle a Gilberto Aquino Choc, Mateo Pérez, Pedro Morales, Sergio Maaz, Jonathan Reyes, Arnulfo Francisco, Odilia Quexel, Myrna Winter, Nidia Tzoc, Glenda Rivera y a Glendy Chalí por tener esa valentía para innovar, por esa vocación docente y por el enorme impacto que están logrando en el aprendizaje de sus alumnos.

Con su esfuerzo enfocado han demostrado que se pueden lograr grandes cambios. Recordemos que, cuando un docente enfoca procesos educativos en el aprendizaje, no solo está creando mejoras, crea también esperanza y oportunidades. En palabras del pensador y escritor José Martí, “y me hice maestro, que es hacerme creador”. Por eso ¡felicidades maestros y director 100 puntos por ser los creadores de un mejor mañana! ¡Sigan adelante!