En la Guatemala de la leyes ilógicas, en la que los patos le tiran a las escopetas, en la que todo se criminaliza porque no se comprende, al punto que un mal recordado ministro intentó criminalizar los puentes, bajo la falsa premisa que estos por existir eran los culpables que las personas se tiraran al vacio para suicidarse, en esa Guatemala de la realidad que supera a la ficción, en la que un cuento macabro es una nada ante la tragedia de la cotidianidad de vivir en una ciudad tan violenta que rebasa en demasía a países como Irak, aquí es donde se repite constantemente las mil y una historias de terror.

Una de estas historias ha llamado poderosamente mi atención y es que llegamos al fin de semana con un incremento notable en los ataques a los tenderos, para mantenerlos bajo el látigo de la extorsión, tenderos que ubicados en diversos barrios populares participan de la economía, como dínamos que generan un comercio básico, llamado así, porque su relación de compra y venta no rebasa una media de quetzales y su rango de cobertura es un par de cuadras, éstas han sido ahora el foco de los atentados y asesinatos, el más reciente, el perpetrado contra Diego Jol Coc (25) propietario de una tienda ubicada en el kilometro 12.5 al Atlántico, los hechos relatados por los testigos apuntan que dos hombres a quienes después se identificó como Baldemar Molina Revolorio (33) y Jimy Roberto Sequén (24) se presentaron a la tienda para reclamar el pago de la extorsión, Q.400.00 a cambio de no asesinarlo, Jol Coc atendió a los delincuentes y convino en salir de la tienda para pagar la extorsión, sin embargo, ante la intención de éstos y las amenazas ya que portaban arma de fuego, éste procedió a repeler el atentado agarrándose a puñetazos con los delincuentes, a quienes logró desarmar y dispararles, aunque a pesar de esta acción, estos cual cobardes, huyeron, sin lograr mayor avance ya que fueron copados por agentes de la policía nacional civil que se transportaban en una autopatrulla, menos mal que con combustible. Luego de ser capturados los malhechores se determinó que son miembros de la mara 18 y con múltiples ingresos a centros carcelarios desde el año 2,000 por los delitos de robo y posesión para el consumo, uno de ellos recién salido de la cárcel. Después de éste incidente se presentaron detectives de la unidad de delitos contra la vida, procediendo a la captura de Jol Col y presentándolo ante el juzgado de turno bajo el delito de intento de homicidio, ¿Qué tal?

En esta Guatemala ilógica, es común pero inadmisible que el ciudadano de a pié sea criminalizado por defender su vida, su libertad y su propiedad, punto. La acción de la delincuencia es terrorífica pero la de las fuerzas de seguridad no se queda atrás. ¿Qué habrá sentido Jol Col quien en lugar de ser salvaguardado por las autoridades policíacas es detenido por éstas, cual delincuente y ser trasladado en autopatrulla a sirena abierta, conducido y luego de ser escuchado por juez competente, encausarlo por el delito de intento de homicidio? ¿Qué sentirán y pensarán millones de guatemaltecos al ver cómo funciona pesimamente la administración de la justicia, a la que tan poco se le apuesta y que por su inoperancia cada día es más escasa? ¿Qué acaso, luchar hasta la muerte, por defender nuestra vida de los delincuentes, la propiedad de los ladrones y la libertad de los tiranos, ahora es un delito? Al contrario, Diego Jol Coc debe ser felicitado con su libertad por derecho propio y la garantía que no volverá a ser intimidado por el fantasma de la extorsión por parte de las fuerzas de seguridad pública, que como institución debe proteger la vida de todos los guatemaltecos previniendo y evitando toda clase de ilícitos de su competencia. En general el caso suscitado en la tienda de Jol Coc debe inspirarnos a recordad que nada ni nadie puede convertirse en nuestro verdugo a menos que nosotros lo permitamos.

Juan Francisco Rodríguez