¿Qué pasó en la Plaza de la Constitución?

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Muchos dicen que los Guatemaltecos hemos despertado. ¿Despertado de qué?, sería la pregunta. Yo pienso que en mucho tiempo no habíamos tenido la oportunidad o el motivo de que saliéramos de nuestras esferas de cristal o de nuestras burbujas de jabón. Y que en Guatemala se pudiera romper esa división que sólo existe en la mente de aquellos que se han dejado influenciar por el mito, prototipos o incluso paradigmas, que son del todo falsos.

Vimos como las universidades se unieron. ¿Y qué pasó entonces? Pues, muy simple. Se vio que los de la USAC no eran tan radicales como los han pintado, los de la Marro, no son tan “kakeros” como nos dijeron; los de la Del Valle no son tan “nerds” como pensamos; los de la Mariano y Landívar son gente normal. Estuvimos a la par del os que lucían su traje típico y se mojaron con la lluvia igual que lo hicieron los del CACIF. Y lo que nos unió es que todos somos parte de ese conglomerado de seres humanos que nos denominamos GUATEMALTECOS, y punto.

Nos dimos cuenta que además de compartir el 99,9 del genoma, son muy pocas las cosas triviales que nos dividen y muchas las que nos unen a esta tierra de la cual somos originarios, por tanto, indígenas de esta nación que nos vio nacer.

Además pudimos apreciar que cuando la voz de una anciana se une a la de un sindicalista genuino, o la de una monja a la de un empresario, lo que resulta, es simplemente UNA VOZ MÁS FUERTE. Vimos como los padres llevaban a sus pequeñas en hombros. Como todos han puesto sus reclamos en letreros improvisados, pero con la chispa del Guatemalteco común. SIN INSULTOS, SIN PINTAS, SIN DESTRUCCIÓN, SIN BLOQUEAR CALLES, CON RESPETO AL HERMANO GUATEMALTECO. Qué experiencia más agradable, qué orgullo ser parte de este país de gente BUENA. Pero no confundan los esbirros de la política, la tranquilidad y el respeto con la fuerza de la Guatemalidad de este pueblo NOBLE!

Sin embargo, lo que se patentiza en estas manifestaciones espontáneas de pueblo, de la clase media, es claro: HARTAZGO, CANSANSIO E INTOLERANCIA. Sí, a un robo prolongado y galopante de muchos años. Y sobretodo que NO se crea, que somos ajenos a este descaro y prepotencia con que se insulta la inteligencia de la gente común. No es posible que sigamos siendo espectadores de una cola interminable de politicastros en alianza con corruptos, que se turnan las joyas de la corona, como dice Phillip, para extraer de manera ilícita y alevosa, los recursos de la nación. Hemos saboreado el poder soberano del pueblo, y eso deja huella.

No obstante, la mediocridad de los politicastros y politiqueros, no deben confundir la mansedumbre del pueblo guatemalteco, con la falta de coraje. Y no olviden lo peligroso, de provocar la bravura de este pueblo agobiado por la insensatez de quienes pretenden gobernarnos.

Se les olvida que usurpan una representatividad que nunca les hemos dado. Que no asuman que nos han obligado a elegir entre aquellos, que por medio de una PARTIDOCRACIA, nos han asignado. Lo que si deben tener en cuenta es que el pueblo es soberano Y PUEDE EJERCER esta SOBERANÍA a cualquier costo. Recuerden el refrán: “Tanto llega el cántaro al agua que por fin se rompe”

¿Qué podemos esperar de este movimiento de rechazo de la gran mayoría de los guatemaltecos? Creo, que debe ser el forzar los cambios de fondo, que este país requiere. Para limitar los excesos de aquellos a quienes les delegamos la autoridad de TODOS. Es imperativo que se presione al Congreso, a pesar de sus intereses mezquinos, que legislen en beneficio de todos los Guatemaltecos. Aún cuando parezca que se están disparando en el propio pie, estos disque representantes del pueblo.

Debemos exigir como un PUEBLO UNIDO, que se cambie la Ley Electoral y de Partidos Políticos y que se eliminen los privilegios para esta casta política. Pues, a partir de allí se derivan los otros cambios.

El grito fue: “NO A LA CORRUPCIÓN”. Y esto implica que garanticemos que quienes nos representan, REALMENTE NOS REPRESENTEN. Lo otro viene por añadidura.

No caigamos en el juego de sectores con agendas “ocultas”. Enfoquémonos en lo que es importante. No en lo inmediato. Aunque la Constitución deba modificarse, no es el momento. Debe hacerse una vez que tengamos confianza en quienes lleven a cabo los cambios.

 

¡CAMBIEMOS A LOS POLITICASTROS Y POLITIQUEROS POR VERDADEROS POLÍTICOS!