Los sistemas políticos se mantienen en equilibrio. Es decir, una vez se establecen ciertas reglas tanto formales como informales, los actores e instituciones tienden a mostrar patrones de acción constantes, sin pocos cambios. Sin embargo, como todo en la vida, el equilibrio puede verse amenazado cuando se dan “shocks” tanto internos como externos, que rediseñan los incentivos de los actores del sistema. Es allí cuando aparecen fenómenos nuevos, difícilmente anticipados por las teorías académicas.
El surgimiento de los outsiders es uno de esos fenómenos. ¿Cómo surge un candidato político sin experiencia, en un sistema dominado por los partidos? ¿Cómo se puede obtener una victoria electoral en un sistema basado en altas inversiones en campañas? ¿Cómo ganar sin hacer uso de estrategias clientelistas?
Lo que sucedió en Guatemala el año pasado es precisamente un ejemplo de esto. Un sistema en equilibrio, acostumbrado a la costumbre del “le toca”, y al reclutamiento de caudillos departamentales y municipales, fue modificado por la aparición de un outsider, en este caso, Jimmy Morales.
Los outsiders políticos son como cometas. Son acontecimientos extraordinarios, pero que tienden a pasar cada cierto tiempo. En el caso latinoamericano, se dio una “ola” de outsiders en la década de los 90s con las victorias electorales de políticos como Hugo Chávez, Alberto Fujimori, y en el caso de Guatemala, Jorge Serrano Elías. Cada uno de estos políticos con visiones e ideologías diferentes, pero que se enfrentaban a un sistema político al cual no pertenecían.
Luego en los años 2000, vimos la aparición de otros outsiders, como el caso de Rafael Correa en Ecuador. Este último se postuló sin candidatos a diputados, como un mensaje en contra del sistema de partidos del momento, y al obtener la victoria, convocó a una asamblea nacional constituyente que le ha permitido mantenerse hasta ahora en el poder en dicho país.
Como se puede observar, cada outsider es diferente en su estrategia e ideología política. Sin embargo, en la mayoría existe un denominador común: su rechazo por el sistema político “tradicional” y su constante intento por reformar las reglas del juego. Esto lo vimos en el caso de Chavez y su socialismo del siglo XXI, Fujimori y el autogolpe exitoso, Serrano Elías y el autogolpe fallido, y Correa con los cambios al sistema ecuatoriano.
En este sentido, hay algo que llama la atención: Jimmy Morales no es un outsider tradicional. A diferencia de otros personajes, Morales ha mantenido un discurso moderado ante la clase política, e incluso ha optado por negociar con el Congreso, en lugar de adoptar una estrategia de descalificación de los otros poderes del Estado.
Esto puede evaluarse de dos maneras. Por el lado positivo, Morales no pareciera buscar un conflicto abierto entre poderes, el cual es sumamente común en gobiernos de outsiders. Tampoco Morales se percibe como un presidente que busca obtener mayor poder para sí. Por el lado negativo, la falta de choque con la clase política tradicional, hace creer a muchos que Morales está perdiendo la oportunidad de promover una reforma profunda al sistema y dejar un legado político para la historia del país.
Sea cual sea nuestra apreciación sobre la actuación de Morales como outsider, queda claro que por sí solo es un caso interesante para el estudio académico. ¿Por qué Morales no maneja un discurso similar al de Correa, al de Chávez o al de Fujimori? ¿Por qué no aprovechar el rechazo hacia el Congreso para posicionarse como más legítimo ante la ciudadana? ¿Se debe esto a una convicción personal, ideológica? ¿Existen factores del sistema que lo incentivan a adoptar esta posición? Estas son muchas preguntas que podrían estar en las agendas de investigación de los especialistas en la materia.