Todo ser humano tiene un punto de quiebre, lo cual implica llegar a una situación límite donde las circunstancias sean tan críticas que el humano en cuestión se “quiebra”. Lo que sucede a continuación es una reacción…

Esto no es un preámbulo a una columna sobre psicología; es lo que parece que está por ocurrir en Venezuela. Lo que inició como un paraíso socialista, una pléyade de supuestas conquistas sociales en donde se satanizó a todos los “enemigos del pueblo”, y se enalteció y mitificó a la figura del máximo comandante Chávez. Se consolidó una nueva casta. El petróleo caro llovía a granel y se formaba un nuevo liderazgo latinoamericano…

Hoy, no engañan a nadie, ni a su misma gente. El castillo de naipes propio de un modelo fallido está a punto de quebrarse. Esto sucede cuando el poder ciega tanto que se llegar a jugar con la moral de la gente y se degrada su espíritu.

Dada la escasez generalizada, los venezolanos se ven forzados a hacer hasta 5 horas semanales de fila para adquirir productos básicos y medicinas –no para adquirir el último iPhone. No existen los lujos en la mente de los venezolanos. Ojo, las filas es para comprar “lo que haya”. Ni hablar de preferencias de marca o calidad –algo que muchos tomamos por sentado en nuestro “infierno neoliberal”.

Algunos, incluso, compran lo que haya en existencia para construir inventario y poder realizar trueques. Un retraso a la época de las cavernas. Recurren a trueques porque el valor del bolívar está por los suelos (inflación de 180% en 2015, la más alta del mundo) y porque los venezolanos virtualmente no tienen acceso a otras monedas debido a los controles de divisas.

A todo lo anterior sumémosle los racionamientos de agua, extensos cortes de electricidad, saqueos y otros hechos vandálicos, inseguridad (Caracas, por ejemplo, es la ciudad con la tasa más alta de homicidios violentos del mundo) y malestar social generalizado.

Desde fuera es fácil opinar; es fácil decantarse por una ideología u otra. El papel y la teoría todo lo aguanta. Es cuando la crisis llega a la puerta de la casa, cuando la sobrevivencia está en juego, no hay ideología que valga.

Recordemos que Venezuela es un país asentado sobre la reserva de petróleo más grande del mundo. La retórica y propaganda gubernamental, de manera descarada y sinvergüenza, le atribuye todos sus males a la “guerra económica” de los “sectores poderosos”. Patético victimismo para apantallar la mediocridad propia.

¡Ah, sí! ¡Pero hay patria!

Jorge V. Ávila Prera

@jorgeavilaprera