Puede ser que cuando estuvimos arrancando nuestro vehículo para conducir hacia el lugar de nuestro trabajo la mañana de aquel lunes, ya se habían movilizado más de un millar de policías combinados con agentes del ministerio publico, y efectivos del ejercito bien ayudados además por la tecnología. Se consiguió la captura de un número récord de extorsionistas para actuar contra una red que afectaba fuertemente a las empresas de transporte de pasajeros.

Es esperanzador ver a las fuerzas del orden actuar a esa escala y esperar que se haga justicia así como suponer que estos criminales dejarán de afectar el desarrollo e integridad de nuestra población, como cuando vemos un encuentro de basket ball comparamos a este tipo de operativos, con una buena seguidilla de puntos a favor de nuestro equipo que seríamos nosotros como sociedad enfrentándonos a los achaques del crimen, de la corrupción, de todo eso que afecta el caminar de nuestra patria. Pero será suficiente una buena seguidilla de triples o estar siendo efectivos en la línea de tiros libres, quién sabe, podemos llenar las cárceles y obtener condenas ejemplares, pero el juego no terminara pronto porque aparecen nuevas amenazas, en un lapso de tiempo relativamente corto.

Se ha podido cambiar realidades según algunas experiencias a nivel mundial y latinoamericano. Medellín que fue la capital mundial del delito en los años noventa, ahora celebra albergando ferias culturales, después de sufrir tantos estigmas causados por el narcotráfico, guerrilla y paramilitarismo. La ciudad buscaba avanzar, el sufrimiento había sido mucho como para seguir endiosando o justificando los crímenes de los poderosos personajes del mundo del hampa. Se abrió un cambio cultural emergente que permitió cambiar una realidad.

Es atractivo para algunas personas el delinquir para solucionar los problemas económicos y limitaciones que aquejan, o para lograr un estatus glamoroso deseado motivado por modas y corrientes alimentadas por la cultura popular. Hay una falla social al justificar hacer daño o atentar contra la sociedad, para obtener individualmente satisfacción. No existe un camino corto a la creación de la riqueza si existen formas creativas e innumerables recetas que acompañadas de trabajo diligente pueden hacer la diferencia. El despertar hacia una cultura de la legalidad urge y tiene que ser el denominador común de la generación que apronta.

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