Existen una variedad de condiciones y elementos importantes que proveen el ambiente propicio para la adquisición del aprendizaje del niño, y de cualquier persona. Entre ellos, una nutrición balanceada desde el vientre, y su continuación, con una dieta con los nutrientes adecuados que aseguran un buen funcionamiento y crecimiento neuronal; la estimulación oportuna en un entorno de seguridad, y el ambiente familiar en el hogar con la atención y cariño. Los docentes del centro educativo, además de contar con la plena preparación académica y pedagógica, deben tener como primer componente el conocimiento de la inteligencia emocional, tanto la propia como la de su alumnado.

Las pruebas estudiantiles que se conocen plenamente son las de índole académica, sin tomar en consideración lo emocional. Se conocen las inteligencias múltiples de Gardner; los hemisferios cerebrales que en teoría catalogan nuestras preferencias, y los estilos de aprendizaje. Sin embargo, el elemento que abre la puerta al aprendizaje es la inteligencia emocional.

Se habrá dicho que esa inteligencia se resume la actitud del estudiante, pero es mucho más que eso. Implica la motivación intrínseca, que fortalece las herramientas de la cognición, la memoria, la cociente intelectual, la conciencia integral de cómo es el proceso epistemológico personal.

Las emociones filtran el actuar; y aumentan la posibilidad de la adquisición del conocimiento. Las disciplinas frías son interpretadas por medio de las emociones, y para su real integración, es preciso conocerse , y cómo las emociones manipulan el proceso personal del aprendizaje.

El autor más conocido en el tema es Daniel Goleman; en su libro Inteligencia emocional presenta la organización de las mismas: el conocimiento de las propias emociones, la capacidad de controlar las emociones, la capacidad de motivarse a si mismo, el reconocimiento de las emociones ajenas, y el control de las relaciones. Esta auto educación no solo fortalece el actuar propio, abre el reconocimiento de las actitudes en otras personas, así promoviendo empatía y conocimiento del porqué de las conductas de los demás, pudiendo entablar así una convivencia pacifica basada en la comprensión.

El primer filtro en el aprendizaje es la inteligencia emocional; conocerse cómo influye la alegría, la ira, la ansiedad y la preocupación, cómo se acepta la critica, y no ser preso de temores y prejuicios que frenan el desarrollo. El reconocimiento que el pensamiento negativo detiene la creatividad, la innovación, el aprendizajes; y aprender cómo reconocer las emociones, reencaminar las negativas, y fomentar las positivas.

En la labor docente, esta habilidad de percepción de la inteligencia emocional aún es más importante. El mentor debe reconocer sus fortalezas y debilidades, y como las emociones influyen en su labor; y paralelamente tiene que reconocer las mismas en su alumnado, porque siendo personas en formación, no conocerán la causa de sus actitudes, y el docente debe mediar ese auto conocimiento, y en seguido el auto control.

Existen pruebas que arrojan resultados que indican las fortalezas y las debilidades emocionales. Los resultados de estas pruebas estandarizadas crean la plataforma de la excelencia académica por proveer la comprensión personal del proceso de aprendizaje. Por ejemplo, el BTSA, Benzinger Thinking Styles Assessment es una de ellas; arroja mediciones neuronales que indican las fortalezas de la persona de acuerdo a su predominancia cerebral; y así hay otras que elevan a la conciencia de cómo las emociones influyen.

Cada persona puede regular sus emociones. El sistema educativo, antes de asegurar que el éxito académico se encuentra únicamente en resultados de pruebas de disciplinas académicas debe hacer énfasis en las actitudes basadas en el auto conocimiento, y en cuanto antes, es mejor.

En España, se giró una encuesta entre diez mil educadores con la pregunta “¿Qué dos puntos consideras los más importantes para desarrollar en tus alumnos?” Con una respuesta del 76% que indicaron que “para los profesores españoles el aspecto más importante es la educción de las emociones para que los niños aprenden a gestionarlas adecuadamente.” (http://www.abc.es/familia/educacion/abci-7-cada-10-profesores-infantil-creen-201604202115_noticia.html)

Goleman indica que la “alfabetización emocional” es clave en prevenir el malestar emocional, la ansiedad y depresión, la agresividad, y problemas de atención y o razonamiento. No es una asignatura adicional a un currículo cargado de contenidos, es una percepción constante del estado de animo y su causa; en primero lugar del docente, quien a su vez se observa, y luego a los estudiantes a que reconozcan su estado emocional y que lo controlen, no que las emociones los controlen a ellos.

Sócrates dijo “Conócete a ti mismo” ; ese conocimiento no solo es físico y académico, es emocional y del alma.