En mi artículo de la semana anterior, Caballo de Troya: “Diálogo Nacional por la Justicia”, me referí a la propuesta que pretende imponer en Guatemala el movimiento subversivo denominado “semilla”, usando para ello el poder diplomático de la embajada estadounidense, a su brazo de fuerza la CICIG, y la caja de resonancia nacional e internacional denominada “sociedad civil”. Como yo no me ando con rodeos, no soy ni quiero ser “políticamente correcto”, digo con todas sus letras que este es un grupo SUBVERSIVO, porque lo que intentan ya desde hace años es tomar el poder por la fuerza, perpetuarse en él y convertirnos en un país títere de la dictadura cubana. Debo recordarles que precisamente este grupo trató de aprovechar la coyuntura de la renuncia de los exmandatarios Pérez Molina y Baldetti para suspender el proceso electoral -algo ilegal y constituyo de delito-, para nombrar a dedo un “gobierno transitorio”, y luego convocar a una Asamblea Nacional Constituyente y redactar una nueva Constitución que protegiera sus intereses.

Rechazo rotundamente cualquier iniciativa que provenga de organismos extranjeros o de movimientos de guerrilleritos de esos de escritorio, marxistas Gucci como Frank La Rue, Edgar Gutiérrez o Juan Alberto Fuentes Knight. Tampoco me interesa lo que propongan vividores especialistas en falsificar “victimas” del Conflicto Armado como Helen Mack o Mario Polanco; primero porque solamente les interesa el dinero, seguir estafando a los guatemaltecos para que les paguemos resarcimientos ilegales; segundo porque no tienen representatividad ni legitimidad en absoluto; y tercero porque ya deberían estar presos, especialmente Polanco quien fue denunciado penalmente por el Programa Nacional de Resarcimiento por intentar cobrar compensación económica de 10 víctimas falsas, con documentos alterados, sin que avance esta acusación en el MP. Pero también Mack es responsable de inculpar falsamente a Noel de Jesús Beteta por la muerte de su hermana, a quien luego trató de sobornar para que denunciara a militares por ese asesinato, sabiendo que no fue él el que la acuchilló -no podía hacerlo porque sufría de una lesión incapacitante en su mano-, sino un terrorista de la URNG apodado “La Yegua” como le informó Gustavo Porras Castejón, comandante del EGP, y que narra en su libro Las Huellas de Guatemala. Por otra parte, Edgar Gutiérrez es uno de los que se apresuraron a la casa del reclutador del EGP en Quiché, el cura Juan José Gerardi a desaparecer y plantar evidencia falsa luego de su muerte, para sentenciar con la ayuda de su sicaria judicial oficial Yassmín Barrios, a los Lima, dándole valor probatorio a testimonios de alcohólicos y drogadictos, capaces de decir lo que quisieran a cambio de unos centavos.

Por otro lado, la CICIG vino a Guatemala con la excusa de “desmantelar cuerpos paralelos clandestinos de seguridad protegidos por el gobierno”, pero si vemos sus resultados reales a lo que vino fue a protegerlos, tal el caso de los que operaron en el régimen de facto de Sandra Torres, los que emboscaron un convoy militar en San Rafael las Flores para robarse una tonelada de explosivos -aún en su poder- o el que ejecutó la masacre de Los Pajoques en San Juan Sacatepéquez con información proporcionada por el diputado de la URNG Amílcar Pop, quien abusando de su investidura consiguió listados de personas que habían vendido sus terrenos libremente para la construcción del Anillo Metropolitano. Esas “listas negras” fueron las que luego utilizaron grupos terroristas vinculados, según testimonios de pobladores de ese lugar, al CUC, que dirige Daniel Pascual, para asesinar y quemar a la familia Pajoc sin que a la fecha la CICIG ni el MP haya procesado a los responsables.

Si vemos que quienes proponen cambios a la Constitución con el pretexto de “fortalecer la justicia” son personas e instituciones que la han usado para enriquecerse a costillas de nuestros impuestos, para cometer graves delitos y quedar impunes, entonces sólo nos queda oponernos, generar una propuesta ciudadana legítima, que consolide el Estado de Derecho, que garantice la vida, libertad y propiedad de los guatemaltecos. Jamás apoyaría la iniciativa inconstitucional de dos justicias planteada en ese “Dialogo Nacional por la Justicia”, una indígena y otra mestiza, que de entrada transgrede el principio de igualdad y que es un foco de conflictos étnicos permanente. Eso lo que quiere el movimiento subversivo “Semilla”, sembrar el odio, el conflicto, el resentimiento, el racismo y lucrar del dolor y miseria de los guatemaltecos.

La segunda parte de este artículo, contendrá una propuesta de reforma constitucional de 5 puntos, pero para transformar este corrupto Estado Benefactor Mercantilista, en una verdadera República Liberal.