El respeto al derecho ajeno es la paz, dijo Benito Juárez. Ese respeto que brilla por su ausencia, no digamos al derecho ajeno.
Nuestra sociedad padece de males como violencia y falta de respeto al derecho ajeno. Un conflicto cualquiera se resuelve violentamente. Muchos conflictos surgen porque las personas no saben cuáles son sus derechos ni cuáles son los derechos de los demás. La palabra “derecho” se ha usado con grandes deformaciones de lenguaje.
Un derecho implica que hay alguien posibilitado a accionar judicialmente frente a alguien que resulta obligado a proveerlo. Es así que cosas que se llaman “derechos”, realmente no lo son. El derecho al trabajo, realmente, no es un “derecho a que me den trabajo”, sino que es un derecho a que yo pueda escoger cómo presto mis servicios personales, condiciones, salario, tiempo. Mucha legislación laboral elimina partes del derecho e interviene de tal manera en la relación que anula puestos de trabajo marginales. Lo mismo con la educación, un derecho a escoger la educación que me guste y en caso de los padres, el derecho a escoger la educación que les guste para sus hijos, se convierte en una maraña de obligaciones de los centros educativos que es hasta violatoria del derecho a educar y los fundamentos educativos básicos.
Esto problemas elevan conflictividad. Y en eso tenemos otro problema: resolvemos problemas con violencia.
Ahora, hemos visto noticias en las que por no ceder el paso (que nadie está legalmente obligado a ceder paso en el tráfico) han perdido la vida a manos de violentos conductores.
Debemos como sociedad encontrar los mecanismos de bajar esa conflictividad. El problema se resuelve con medidas preventivas, desde educación vial, educación cívica hasta la inversión en mecanismos de resolución de conflictos a niveles bajos de importancia relativa: juzgados de paz y centros municipales de resolución de conflictos.
Es así que necesitamos de reformas en procedimientos civiles y creación de juzgados de paz locales, al estilo de pretor peregrino, que resuelvan conflictos en el momento que nacen, antes de que escales.