El lunes 16 de mayo tuve la oportunidad de intercambiar opinión sobre el problema de la basura en Guatemala en un programa de radio. Entre mis interlocutores estuvo el vocero de la Municipalidad de Guatemala, el alcalde de Villa Nueva, un asesor de este último y una representante de Casa del Alfarero, una organización que apoya a las familias de los guajeros (recolectores y separadores de la basura).

A juzgar por la opinión del vocero de la Municipalidad de Guatemala el “vertedero” de la zona 3 es un paraíso laboral. Para él, o quizás para ellos, los gobernantes municipales, el lugar se encuentra muy bien: tiene suficiente capacidad, ofrece oportunidades de empleo, genera energía, produce bio-abono y capacita a los guajeros…es un paraíso al que dan ganas de ingresar todos los días.

Pues te mienten y se burlan de ti. El botadero de la zona 3 no es otra cosa que el mejor ejemplo de lo que es capaz de hacer la planificación centralizada de los servicios públicos: mala ubicación (se encuentra por encima del río La Barranca, el cual socava constantemente la superficie del terreno), condiciones insalubres para los trabajadores y vecinos, contaminación de todo tipo (visual, olfativa, ríos y manto freático), ineficiencia, mal gasto y, por si ello fuera poco, tragedias, como la ocurrida el 27 de abril donde según cifras oficiales perdieron la vida 4 personas, pero a decir de recolectores de basura lo hicieron varios cientos…sí, al menos cuatro.

Creado en 1953, el botadero tiene ya 63 años de operar. En 1991 se hicieron estudios que determinaron su vida útil en 11 años a partir de entonces, supongo que se hizo algunas mejoras. Durante 14 años se ha postergado el problema. Con más de 3,000 toneladas diarias de basura provenientes de la Ciudad de Guatemala y de 9 municipios más, es evidente que su capacidad ha sido superada. El incidente de abril fue el más reciente, pero en el pasado han ocurrido otros (2012) igual de trágicos.

El problema de fondo radica nuevamente en la prescripción que hace la Constitución y luego reivindica el Código Municipal en su artículo 35, inciso e), el cual otorga el monopolio a las alcaldías de “establecer, planificar, reglamentar, programar, controlar y evaluar los servicios públicos […]”. Sí, es un monopolio que ostentan los gobiernos municipales y que nuevamente hacen tarde, mal y nunca.

No está en la naturaleza de los gobiernos hacer empresa, ni mucho menos ser eficientes o rentables. Los gobiernos gastan, no producen, no cabe en ellos el concepto de rentabilidad ni de eficiencia, aunque así te lo quieran vender los defensores del estatismo. Ni con menos ni con más de los 26 millones de quetzales anuales, la Municipalidad de Guatemala será capaz de ofrecer una solución real y sostenible al problema de la basura.

La única manera de solucionar de fondo el problema, y ello implica evitar al máximo las tragedias y los dramas humanos que se viven ahí diariamente, es quitando el monopolio a los gobiernos municipales de tutelar ese servicio y permitir que sea un negocio susceptible de lucro-ético. La basura puede ser un buen negocio pero depende de que se creen, o se apele mejor dicho, a las instituciones de mercado. Quitarle a los gobiernos municipales ese poder, atribución y presupuesto es impostergable.

Una vez dado ese paso, podría pensarse en delegarse por completo mediante subasta pública la propiedad y operación del botadero de la zona 3, teniendo como condiciones la normalización, limpieza y su eventual cierre, y así dejar de quitarle esos 26 millones de quetzales a los guatemaltecos.

Surgirán bajo aquellas condiciones verdaderos rellenos sanitarios. Siendo estos privados emergerá un sistema de precios que podría incluso pagar la separación de la basura en casa. La basura sería vista como materia prima y los procesos de reciclaje, producción de energía, bio-abono y otras productos serán al fin, procesos rentables, o al menos las pérdidas serán absorbidas solo por sus emprendedores y no por todo el público. Si son rentables aquellos negocios, la competencia invitará a invertir en tecnología e innovación, y muy probablemente hasta entonces acabarán los malos olores, los botaderos clandestinos, la contaminación de los ríos. Solo hasta entonces un mejor futuro verán los más de 2000 guajeros y sus familias que hoy arriesgan sus vidas diariamente en ese infierno mal llamado relleno sanitario.

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Jorge David Chapas es guatemalteco y empresario. Fundador y CEO de Rana. Miembro del CEES, del PERC y del Heartland Institute. Sus opiniones se publican en República.gt, Rana, Diario AltaVoz (Perú) y Notiminuto (Venezuela).