Carnes, verduras, frutas, granos básicos, comida típica, manualidades, canastos, artículos de barro, artesanías, ropa y un sin fin de cosas más. El Mercado Central está lleno de productos maravillosos y ha funcionado desde siempre como un centro de reunión para los comerciantes de todo el país. Personalmente, a mi me encanta éste mercado. Ha sido parte de mi vida y se ha robado un poco de mi cariño.

El Mercado Central es interesante. Su estructura es de un piso y dos sótanos, aunque todos insisten en creer que es de tres pisos. Tiene parqueo propio, múltiples entradas y palomas, muchas palomas. Además el mercado es una mezcla constante de olores. Cada diez metros se siente un olor distinto y eso le da un toque de diversidad que pocos lugares tienen.

También acá se pueden encontrar lugares riquísimos para comer, artesanías únicas y con un buen ingenio chapín y frutas frescas. Es raro que alguien visite los pasillos del Mercado Central y no encuentre lo que estaba buscando. ¡Tiene de todo! Así que es una total recomendación para los turistas, para los mismos capitalinos y también para los que viven en el área rural y quieren hacer todas sus compras en el mismo lugar. Ah, también el mercado vende flores, se me había escapado.

A mi “el mercado”, como suelo llamarlo desde que tengo uso de memoria, me ha enseñado decenas de lecciones. Siendo el lugar en donde está el patrimonio de mi familia, he pasado suficiente tiempo ahí dentro que me ha alcanzado para observar a su gente, sus maneras de funcionar y su historia. Los comerciantes del Mercado Central son alegres, hasta en los días que no hay venta. Se han formado como una familia y se protegen entre sí cuando alguno tiene problemas. Además, se mantienen siempre en competencia. Gracias a la cual hoy en día tenemos tantos productos diferentes e ingeniosos.

Los inquilinos del Mercado Central también viven día a día con muchos problemitas que podrían ser solucionados de no ser por las negligencias y la lenta manera en que trabajan las instituciones a cargo del mercado. Por ejemplo, los baños. Aunque funcionan de manera decente, no son aptos para recibir a nuestros amigos turistas que están acostumbrados a otro nivel de vida. Y ¿por qué no? Tampoco son aptos para los mismos inquilinos, específicamente en los días de manifestación que son usados por todos los manifestantes y es imposible entrar.

Al mercado también le hace falta rotulación, por dentro y por fuera. Necesita un rótulo que conduzca a los transeúntes por las múltiples entradas para que ellos puedan escoger la que más les conviene. ¿Y por dentro? Lo mismo. Rotulación que guíe a los siguientes niveles, al baño, al banco, a los comedores. Porque de verdad, un comerciante del mercado indica casi diez veces al día éstas direcciones. Y que decir de los problemas para atender a las personas con alguna discapacidad física o personas de la tercera edad, pues las entradas carecen de rampas y es trabajo de los inquilinos cargar sillas de ruedas o sostener a los abuelitos que quieren acceder a los niveles.

En los pasillos del mercado tampoco existen basureros en dónde uno puede arrojar la bolsa plástica de la fruta que compró o el vaso de la limonada que se tomó. Y no, no hay ventilación. Los pasillos del centro sufren de temperaturas de verdad muy altas en los días de verano. Tampoco se puede presumir de la seguridad, pues aunque hay policías presentes, las dimensiones del mercado son demasiado grandes para que dos agentes se puedan hacer cargo por sí solos de tantos locales y sectores.

Y así, el mercado necesita apoyo de las autoridades para mejorar su infraestructura. Los inquilinos han mediado para que se hagan los cambios, pero como todo en Guatemala: es complicado. Ojalá se prestara más atención a éstos establecimientos en general, no sólo al Mercado Central sino a todos los mercados de la ciudad. Porque ellos constituyen casi un patrimonio para muchísimas familias y guatemaltecos que los consideran una fuente de apoyo para su economía.

El llamado es para que las autoridades correspondientes se ocupen en mantener éstos centros económicos y culturales, en las mejores condiciones.

Y mientras los inquilinos y las autoridades siguen buscando maneras de arreglar éstas deficiencias, la invitación también es para que usted visite los mercados de la ciudad y le apueste al comercio interno. ¡Consuma productos nacionales y apoye a los pequeños comerciantes del país! Cuando nos echamos la mano entre todos… las cosas funcionan mejor.