Algo no está bien en este país y es la amenaza que tenemos de unos años para acá sobre las pertenencias de los habitantes de Guatemala. Y es que resulta que con la excusa de las consultas de los vecinos, las consultas de los pueblos indígenas y la razón que sea, tus pertenencias están en serio peligro porque ya no serán tuyas, ya no decidirás tu sobre lo que quieras o no hacer con ellas y hasta te las pueden quitar. Poco falta para que digan que tu cuerpo tampoco te pertenece.

         Tu eres dueño de tus pertenencias y debe poder excluir a otros sobre las decisiones de lo que quieras hacer con ellas. Si no quieres prestarle tu peine a quien no tiene es asunto tuyo y de nadie más pero si el grupo donde estás decide que se lo debes prestar y te lo quitan por la fuerza no te quedará más remedio que ceder o resistirte hasta sufrir las consecuencias. Obviamente te sentirás impotente porque los demás son más y tienen la fuerza en sus manos además que gozan del poder del gobierno que tiene las armas. Que tragedia. Todo por un peine.

         Pero la historia del peine no es irrelevante. Puede ser tu ropa, tus zapatos, tu casa, tu terrenito, tu bicicleta, tu moto, tu carro, tu parcela, tu finca, tu hidroeléctrica o tu empresa minera, entre otros.   ¿Qué rayos tienen que ver los vecinos sobre tus pertenencias? Nada, el derecho de propiedad es el derecho a excluir a los demás del uso de tus pertenencias siempre y cuando no dañes los derechos individuales de los demás. Así de sencillo.

Una de las más importantes instituciones de la Civilización Occidental ha sido el establecimiento y reconocimiento de la propiedad privada, es decir, el derecho a que tú tengas cosas que te pertenecen y que tú puedas disponer como quieras de ellas. Gracias a esta institución tú tienes el derecho a usar un activo y beneficiarte de ello, el derecho a excluir a otros de usar tu activo y el derecho a transferir ese activo a otros.   El gran progreso económico que han experimentado muchos países en el mundo entero se deben a esta institución, el de la propiedad privada, pues ha servido de base para la formación y acumulación de capital que es el requisito necesario para que tengamos un mayor crecimiento económico y generemos más oportunidades de mejora de nivel de vida para todos.

Tus pertenencias deben estar bien definidas, protegidas y ser transferibles. Gracias a esta claridad se dan las transacciones en forma pacífica y la sociedad prospera. Sin una buena definición o cuando existen ambigüedades o amenazas como las de las consultas, o leyes como la del POT (un error garrafal de la Municipalidad de Guatemala), el resultado esperado será de disputas y pérdida de tiempo y dinero. Si tú eres el dueño de un recurso y no lo utilizas de la mejor forma, o sea no lo pones a trabajar en su mejor y más alto uso, entonces, otros que perciban este desperdicio de ese recurso escaso te harán una oferta para comprártelo y mejorarlo. Así tus pertenencias cambiarán de manos hacia aquellos que puedan utilizarla mejor, en forma libre y voluntaria, ganando todos en la negociación. No se necesita ninguna consulta, simplemente fue tu decisión.

         Las consultas, que dicho sea de paso no son vinculantes, acerca de lo que puedo hacer con mis pertenencias implica socavar el más importante principio básico de la sociedad y eliminar ese derecho individual que permite a los países economizar recursos que son escasos y desarrollarse. Debemos rechazar cualquier ley, convenio o intento de socavar la institución fundamental para el desarrollo de los pueblos como es la propiedad privada. Quienes impiden proyectos de desarrollo económico o de cualquier otra índole están atentando contra el bienestar de los guatemaltecos y no quieren que mejores tu nivel de vida, quieren mantenerte pobre por siempre.

Si alguien quiere hacer algo con tus pertenencias entonces que te la compren. Que fácil resulta para muchos hablar de lo que tú debes hacer con tus pertenencias cuando a ellos no les cuesta nada, cuando no han invertido en la misma y cuando no tienen nada mejor que hacer.   No te dejes sorprender. Al final, los ataques a hidroeléctricas, mineras, y cualquier otra pertenencia que tengas terminarán destruyendo la única institución que genera progreso y desarrollo para todos, especialmente para los más pobres del país.