Cuando el Dr. Alejandro Giammattei me invitó a ser candidato a diputado al Congreso Nacional de La República, consulté con mi esposa y familia sobre esa posibilidad y empecé a imaginar la cantidad de iniciativas de ley que podría proponer, por ejemplo:
• planificación familiar
• manejo adecuado de la basura
• ley de aguas
• penas contra la explotación sexual
• temas ecológicos, etc.
Y nació en mí un deseo por participar y dar lo mejor de mí, sabiendo que iba a sacrificar tiempo sagrado para mi familia, para mis pacientes y para las cosas que me gusta hacer. Pero era tan agradable la idea de servir a mi país y proponer los cambios adecuados que hicieran de mi sufrido país un lugar con dignidad para vivir, con seguridad y donde cesara la violencia sexual contra las niñas y se aumentara las penas y hasta castrara a los violadores; donde se tratara a los enfermos con amor pero con medicinas y procedimientos quirúrgicos de primer mundo; donde se cumpliese la pena de muerte a asesinos; donde desapareciera la desnutrición con un presupuesto digno restando dinero de nuestros impuestos a los gastos superfluos; un país donde desapareciera la SAAS porque es incomprensible que a un presidente, vicepresidente y sus familiares los cuiden más de 1,000 guardaespaldas que a su vez tienen sus 3 tiempos de comida y refacciones habiendo niños que sólo comen una vez al día.

Dios sabe porqué me protegió y no quedé de diputado, aunque a mí en lo personal me entristeció mucho pero todo tiene su propósito porque yo no toleró la corrupción y al haberla hecho pública tal vez hubiese habido represalias en contra mía.

Pero entraron y se reeligieron muchos diputranzas que hoy están cayendo por su ambición desmedida y que demuestran lo que la mayoría de políticos son y representan en este sufrido país. Considero que esta pobre raza política, en su mayoría, fueron mal educados por sus padres que no les inculcaron moral y respeto al dinero ajeno, que no les enseñaron patriotismo ni amor y compasión al prójimo y por eso no les importa ver a los hospitales en trapos de cucaracha, sin programas de vacunación, sin políticas de educación sexual, con más del 50% de niños desnutridos, sin carreteras adecuadas y en donde se roban hasta el agua de los ríos.

Un verdadero diputado debe fiscalizar los bienes del país pero es lo que menos le importa ya que casi todos tienen su precio.

Por eso los padres debemos de educar a nuestros hijos con amor y respeto al país, respeto al dinero ajeno, respeto a los impuestos, con ánimo de estudiar porque solo en el estudio se encuentra la superación personal y de un país y con esta misma educación es que los guatemaltecos saldremos de esta crisis política y social. Como padres debemos dar el ejemplo y conversar con nuestros hijos de los casos como la línea, TCQ, el agua mágica del Lago de Amatitlan, de la corrupción en el IGSS, en la SAT, en el Congreso, de la actitud corrupta de gente como Baldetti y Pérez Molina que tuvieron la oportunidad soñada de pasar a la historia como grandes estadistas que mejoraran los problemas de nuestro país, pero no, decidieron manchar sus apellidos y terminar en la cárcel como simples ladrones.

En nuestros hijos está el futuro de nuestro país.