El 27 de enero es el día indicado por Asamblea General de las Naciones Unidas para conmemorar la memoria de las víctimas del holocausto. Este año, dedicado a la recordación del Holocausto para educar y fomentar un futuro mejor. Sin duda este hecho histórico que marcó al planeta entero puede visualizarse como un puntual método para mostrar la necesidad de fomentar el respeto a los derechos humanos, la diversidad y la tolerancia. A través de los sucesos que millones de judíos y otras minorías sufrieron, se puede poner en relieve la gravedad de las acciones que entre seres humanos nos hemos provocado y el impacto que éstas representan en la integridad de los afectados.

Como todas las situaciones de ésta índole, que siguen sucediendo aunque en un menor grado en nuestros días, las mujeres han tomado un papel importante y protagonista para la preservación de la cordura y la integridad en las familias. Ellas, las mujeres que estuvieron ahí, que desde su posición lograron ser un pilar fuerte e inamovible en el cuál muchos se apoyaron, también merecen que se les reconozca de una manera especial. O al menos, que se cuente su historia.

Entre el miedo y la ansiedad que se vivió en esos años, muchas mujeres fueron las protagonistas de historias de amor, paciencia, humildad y perseverancia. Existe un documento titulado“Las mujeres y el Holocausto” que no debe pasarse por alto al momento de poner en relieve las experiencias de aquellas que sobrevivieron a ésta época y la manera en que se las ingeniaron para no sólo salvarse a ellas mismas, sino a muchos más.

En éste documento se relatan historias de mujeres que sin poder solventar sus propias necesidades, estaban comprometidas a lograr que quienes las rodeaban pudiesen vivir una vida digna, por lo menos. Y cabe resaltar que el esmero de éstas mujeres por cuidar a los suyos fue incondicional. Ellas, además de emplear la fuerza física a límites desconcertantes, también se dedicaron a tener esa llama viva en el corazón, una fuerza; un entusiasmo que logró sobrevivir en su alma sólo por amor a quienes las rodeaban. Y que las caracteriza por que se enfocaron en defender su esencia, o sea, a sus familias.

Las historias son increíbles y van desde traficantes de pólvora, hasta mujeres alemanas que permanecieron en familias judías para acompañarlas incondicionalmente y brindarles el apoyo que necesitaban. En el Holocausto hubieron estómagos hambrientos que tuvieron que llenarse sólo de ver a los niños comer, privación de la feminidad, trastornos de tensión en los malnutridos cuerpos; pero si algo es digno de expresar es que también hubo determinación, ingenio, capacidad de adaptación e improvisación.

Desde aquellas que desafiaron los consejos judíos privados sólo a los hombres y llegaron a convertirse en sus lideresas. Pasando por todas aquellas que nada tenían que ver con el sufrimiento y aún así decidieron convertirse en “Justas entre las Naciones”. Las que cuidaron a los hijos ajenos aún después de haber perdido a los propios, las que desde casa crearon redes de apoyo, las que no se dejaron quebrar por el dolor que invadía a cualquiera en esos días… Todas ellas son quienes nos cuentan una cara distinta del Holocausto, una que demuestra que en medio del dolor y la aflicción las mujeres le hicieron un espacio a la resiliencia en sus corazones y una vez más, le dieron a muchos a través de su fuerza, la vida.

La Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto es una puntual muestra de cómo los seres humanos lucharán siempre por sobreponerse a las injusticias, de cómo no todas las veces lo que dice el poder es lo correcto, de como el odio nunca soluciona nada y de como cada ser humano merece tener una vida digna. Es una herramienta que hoy en día podemos usar para dar a conocer la historia del mundo, para que cosas como éstas no se repitan y con justificada razón. Y habrá que resaltarlo más ahora que parece que el odio entre las naciones está volviendo a despertarse y que si no lo detenemos, hará estragos una vez más.

 

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