En lo particular me resulta difícil creer que cualquier ciudadano guatemalteco pueda alegrarse de la crisis familiar que sufre el presidente Jimmy Morales por la situación que atraviesa su hijo José Manuel. Por supuesto que hay que separar las cosas, pero antes que nada, somos seres humanos y me resulta complicado pensar que hay quienes se mofan de la situación de un padre de familia que sufre por uno de sus hijos. Bien dicen que antes de criticar hay que ponerse en los zapatos de las personas que pasan por momentos difíciles.

Ahora bien, una cosa es ser padre de familia y otra, muy distinta, ser presidente de un país. A todos los gobernantes les llegan sus crisis, porque es obvio que están expuestos a ellas de una u otra forma; sin embargo, hay crisis de crisis como también hay reacciones de reacciones. Quiero decir que la diferencia entre una crisis y otra es la forma en la que se afronta y la reacción que se tiene habla mucho de un presidente.

Por ejemplo podemos mencionar el caso de corrupción de Sebastián Dávalos, hijo de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, con la compra de unos terrenos para una inversión inmobiliaria con un préstamo de más de US$10 millones, con el cual fue favorecida la empresa Caval de su nuera Natalia Compagnon por parte del banco de Chile. Todo esto con un supuesto tráfico de influencias y abuso de autoridad del hijo de la mandataria y con un olor a corrupción en el ambiente. ¿Qué hizo Bachelet? Primero que nada reconoció inmediatamente la gravedad del problema que involucraba a su hijo, lo reprendió públicamente y tomó distancia de su primogénito y de su nuera; además, solicitó la renuncia de todos sus ministros y asumió con valentía la consecuencias y el costo político que le pasó la factura. Esto generó un grave impacto en su popularidad y credibilidad, pues la última encuesta hecha por la firma Adimark dio como resultado un 35% de aprobación, una cifra preocupante para el nivel de su popularidad que alcanzó los 84% de aprobación.

Recojamos las lecciones aprendidas. Bachelet hizo frente a la crisis y asumió el costo político, se desentendió de su hijo porque ante todo estaba la institucionalidad del Organismo Ejecutivo de Chile. Es decir, aun cuando su hijo estaba involucrado, tuvo que remar contra la corriente, pero tomando decisiones correctas y coherentes. Esto se valora, pero no se aplaude, pues era su obligación, pues la institucionalidad del Estado y de sus instituciones debe prevalecer con el debido proceso.

Por otra parte, se puede mencionar la crisis de Rafael Correa, la cual implicaba a su primo Pedro Delgado, quien se desempeñaba como presidente del Directorio del Banco Central de Ecuador. En este caso, Delgado era una Imagen Pública con mala prensa y era objeto de constantes ataques, pero siempre mantenía el apoyo de Correa, hasta que llegó el día en que se descubrió que había falsificado su título como economista en el INCAE, y de ser un usurpador confeso, huyo del país. ¿Qué hizo Correa? Inmediatamente desconoció a su primo e incluso públicamente lo llamó traidor. Reconoció el caso como una gran vergüenza para la revolución ciudadana; es decir, se puso del lado de la gente y no contra ella. Obviamente, Correa también asumió el costo político muy grande, pero nuevamente la coherencia prevaleció como una señal de lucidez y buen tino político.

En el caso de México es interesante la crisis que azotó al presidente Enrique Peña Nieto con el escándalo de la Casa Blanca, la muerte de los estudiantes de Ayotzinapa, la fuga del Chapo, el plagio de su tesis y más recientemente el gasolinazo, lo cual es una muestra de que su gestión está sumamente cuestionada y cuesta arriba. ¿Qué hizo Peña Nieto? Primero que nada en las diferentes crisis no reaccionaba como la gente esperaba, más bien da la impresión de que cuando hay crisis se esconde, no acostumbra a dar conferencias de prensa, es percibido como un presidente ausente, y cuando finalmente se pronuncia ante algunas de estas crisis, lo hace a destiempo, o sea muy tarde. Esto tiene un costo político muy alto para él, porque ha perdido mucha credibilidad y la confianza de la ciudadanía, y pareciera que la tormenta para él no termina. En conclusión, hablamos de un mal manejo de crisis.

En el caso de Guatemala, la crisis política del 2015, que tenía como principal protagonista a la exvicepresidenta Roxana Baldetti, también se convirtió en la crisis del expresidente Otto Pérez Molina, pues cuando se conoció la red de defraudación aduanera conocida como “La Línea”, ¿qué hizo Otto Pérez Molina? Esperó a que se masificarán las protestas ciudadanas hasta que finalmente renunció Baldetti; sin embargo, cuando el entonces presidente Otto Pérez Molina lo anunció, todavía la elogió, habló de que era una mujer valiente, además de una serie de halagos y agradecimientos innecesarios que se revirtieron y terminaron por despertar la ira ciudadana que finalmente terminaron en septiembre con su propia renuncia. Él defendió lo indefendible y no asumió la responsabilidad ni el costo político. Se mantuvo en una actitud de mando y en una posición de negación que era insostenible, pero lo peor es que no solo dañó su imagen de forma irreversible, sino a la institucionalidad del Organismo Ejecutivo. Además de generar durante su gobierno un papel antagónico con su principal socio comercial, los Estados Unidos, con el que se mantuvo enfrentado, desde la toma su famosa propuesta de la despenalización de las drogas, el rechazo a la ampliación del mandato de la Cicig, su confrontación con el senador Patrick Leahy por el resarcimiento a los afectados por la construcción de la hidroeléctrica de Chixoy, todos los casos de corrupción que implicaron varios de sus funcionarios de gobierno, hasta que la Embajada americana antes de la llegada del embajador Todd Robinson tuvo la ausencia de un embajador por más de 75 días. El expresidente Otto Pérez Molina no supo interpretar ni atender estas situaciones. Es increíble que él ha sido el presidente de Guatemala con mayor popularidad en la historia, pues en sus primeros 6 meses proyectaba un 69% y al año proyectaba un 70% de popularidad y de aceptación, según la encuesta de Prensa Libre elaborada por Prodatos; sin embargo, de nada sirven las cifras cuando se tiene una crisis del tamaño que él la tuvo. Ahora está bajo prisión preventiva relacionado a por lo menos 5 casos de corrupción.

Así llegamos finalmente a la mayor crisis que ahora afronta el presidente de Guatemala, Jimmy Morales, que involucra a su hijo José Manuel Morales y a su hermano Samuel Morales ¿Qué está haciendo el mandatario Morales? Está asumiendo con hidalguía la defensa de la institucionalidad del Organismo Ejecutivo, al no interferir ni entrometerse desde hace 4 meses que sabe de las investigaciones. Esto es de verdad para reconocerlo, pero no para aplaudirlo, porque es su obligación; sin embargo, está demostrando valentía y está asumiendo el costo político y de su imagen, la cual está muy golpeada; sin embargo, en comparación con las otras crisis mal manejadas, no ha perdido del todo la credibilidad por su actuar en este momento familiar tan difícil, de forma elocuente y coherente. Esto sí nos da esperanza y nos confirma que tal vez el presidente Morales ha cometido muchos errores, como el tema del transfuguismo que forma parte de su costo y factura política, tal vez ha tenido mala gestión de comunicación y prensa, pero lo que es seguro es que está trabajando por la institucionalidad del país, que aunque es su obligación. Con esta prueba de fuego tiene la oportunidad de salir bien librado por su entereza, no como padre, no familiarmente, sino como un verdadero presidente. Eso hay que reconocerlo. Está enviando un mensaje positivo a la población, aunque como humanos y como ciudadanos quienes tenemos hijos estamos consternados por su dolor, pero como padre de familia. Queda claro que el presidente Morales no está sacrificando la institucionalidad del Estado y de sus instituciones, sino que las está fortaleciendo. Hay que ser positivos y felicitarlo como funcionario público al servicio de los guatemaltecos. Es importante abandonar esa actitud revanchista y negativa para darle su lugar en este caso particular al presidente Morales, quien merece el respeto de todos los ciudadanos.

En suma, es fácil generar morbo y criticar a priori las crisis presidenciales, pero más importante resulta estudiarlas y entender que lo importante es cómo se reacciona ante la crisis. Por eso es importante la comunicación en crisis, porque gobernar es comunicar y atender la crisis es asumir la responsabilidad, para lo cual se necesita criterio y muchas veces sacrificio, valor, coherencia, disciplina y honor, pues como dice el adagio “si gobernar es comunicar, manejar la crisis es liderar un gobierno”.

Resulta importante valorar las actuaciones ante ellas para estimar o desestimar las actuaciones que nos envían mensajes a los ciudadanos. En el caso de la crisis del presidente Jimmy Morales, el mensaje es que todavía hay esperanza, aunque queda mucho por hacer y todos somos también responsables de nuestro país.

 

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