Si bien he escrito mucho sobre los efectos positivos para Guatemala y para los países al sur del famoso muro, derivadas de algunas medidas en la Administración Trump, también es interesante notar lo que potencialmente podría degenerar en un problema a nivel global. La tendencia a demonizar las multinacionales no es nueva, ni se la inventó Trump. Lo que él parece sentir hacia esas empresas pudiera provenir de los muchos estudios sobre los efectos de la globalización que expertos en materia han producido en los últimos 10 años. Indices disponibles en varias fuentes de Internet, coinciden que 8 años después de la crisis global el crecimiento es lento y el desencanto profundo.

Según datos de la Global Trade Alert (GTA), entidad que se dedica exclusivamente a monitorear la globalización y sus efectos en todos los confines del planeta. Acuerdos eminentemente mercantilistas han derivado en medidas proteccionistas en todos los países, empezando por los Estados Unidos, ante lo que consideran prácticas comerciales injustas de las multinacionales.

El G20 decidió adoptar 9 Principios Guía para regular la inversión extranjera directa (FDI) en Julio del 2016. En junio 2016 la UNCTAD señaló en su informe que los FDI habían subido a sus niveles más altos en el 2015, irónicamente, como resultado de la crisis global. La GTA demostró en su reporte del 2016 que el comercio mundial se había estancado, si bien a su criterio no había recesión. Según el estudio, las medidas proteccionistas impuestas parecen políticas comerciales de suma cero tendientes a la búsqueda de cuotas de mercado en manos de competidores.

Según el Economist, lo que realmente está sucediendo es que las multinacionales ya no están desplazando a las empresas locales, parecen estar sufriendo los cambios de legislaciones locales, no logran bajar sus costos de producción como antes, innovar y sobrepasar el nivel de competitividad local. Varias, en los rubros más vulnerables, estaban contemplando volver a los Estados Unidos desde antes de que ganaran los Republicanos. La prestigiosa revista vaticina que el impacto de las políticas proteccionistas de Trump será enorme a nivel global. Uno de cada 50 trabajadores trabajan en multinacionales. Adicionalmente, la propiedad intelectual y el derecho de autor están en crisis ya que copiar lo que las multinacionales crean y proponen, e inclusive mejorarlo a nivel local, ha venido a empeorar la situación de varias industrias manufactureras, empresas de telecomunicaciones, financieras, medioambientales y medios, principalmente en Asia. Las únicas que se están expandiendo con menos dificultad son las virtuales. La industria marítima ha dado claras muestras de estar en serios problemas.

El World Economic Forum dijo en su última reunión en Davos que las sociedades polarizadas y un retroceso de la globalización podrían aumentar en la próxima década. El Gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, dijo que existe un sentimiento de aislamiento e indiferencia hacia la globalización derivados del desencanto popular que se ha extendido inclusive hacia el concepto mismo de democracia. Naciones poderosas están ignorando entes y acuerdos internacionales (p.e. China a la Corte Internacional de Justicia, o Trump y NAFTA o el Acuerdo de París sobre Calentamiento Climático). Esto unido al terrorismo, a la creciente escasez de agua potable, acrecientan el desencanto y son gasolina para el motor de la inestabilidad.

Es un tema complejo, que afecta a todos y cada uno de los habitantes del planeta, de una u otra forma. Los líderes deben tener mucho cuidado en las medidas que toman, porque irse demasiado de un lado o del otro puede crear mayor descontento, aumentar la pobreza y acrecentar la inestabilidad social. Lo que Trump está tratando de hacer es peligroso porque puede encarecer los productos y servicios, y con costos de producción más altos, en lugar de crear empleos puede generar mayor desempleo. También podrían tener efectos negativos en las exportaciones de los Estados Unidos al encarecer demasiado los precios. Su anulación del Trans Pacific Partnership Act puede ser positiva para muchos de nuestros países, y su muro nos podría finalmente obligar a tomar en serio la liberalización de políticas reales de incentivo a la inversión. Es un momento delicado, esperemos nuestros líderes tengan la visión y el coraje de tomar decisiones que quizás no sean popularmente aceptables, pero que a la larga den los frutos deseados. De sobra se ha demostrado a lo largo de los siglos que no es repartiendo lo ajeno que se crea igualdad, es proveyendo a la gente de un empleo digno, servicios de salud eficientes y una educación sólida que se genera progreso.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo.