Sídney, Australia | AFP |

Australia se despertó el viernes atónita por la posibilidad de que el impetuoso presidente de Estados Unidos Donald Trump pudiese barrer con una simple llamada telefónica décadas de cooperación entre ambos países.

Los australianos combatieron junto a los estadounidenses en los principales conflictos militares del siglo XX -Corea, Vietnam, Irak- y en Siria.

Y la isla-continente forma parte del cerrado club de los “Five Eyes” (Cinco Ojos), como se llama a la alianza de los servicios de inteligencia formada por Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

Sin embargo, la conversación del fin de semana pasado entre Trump y el primer ministro australiano Malcolm Turnbull dejó claro que a pesar de esos antecedentes, Australia no tendrá un trato de favor, al igual que México o Canadá.

Trump le expresó a Turbull su malestar por el acuerdo firmado por Australia con la administración de Barack Obama sobre la acogida de un millar de refugiados confinados en campos “offshore” administrados por los australianos.

Trump, que acababa de firmar un decreto muy controvertido prohibiendo el ingreso de los ciudadanos de siete países mayoritariamente musulmanes, acusó a Turnbull de asesinarlo políticamente con ese acuerdo, según el diario Washington Post.

Trump cortó brutalmente la conversación telefónica, que calificó de la “la peor por lejos” de las que había tenido ese día con los dirigentes extranjeros, afirmó el Washington Post.

Tras la publicación del artículo, Donald Trump volvió a la carga con uno de sus ya tradicionales y temidos tuits.

“¿Pueden creerlo? La administración Obama acordó recibir miles de inmigrantes ilegales desde Australia. ¿Por qué? Estudiaré este acuerdo tonto”, escribió.

La impetuosidad del presidente estadounidense era conocida en Australia, pero la isla, acostumbrada a décadas de intercambios amables con Washington, no había anticipado un primer contacto tan complicado con el nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Australia tendrá que asumir la nueva situación en la que “las alianzas no significan gran cosa para” Trump, dice a la AFP el exdiputado australiano John Hewson.

“Se ve en las declaraciones sobre la OTAN, ONU, China y otros países”, agrega Hewson, exjefe de la oposición liberal australiana.

“No vamos a renunciar a la alianza pero hay que preguntarse lo que se puede esperar de ese tipo”, insiste.

Donald Trump mostró que su programa “no es ‘Estados Unidos primero’ sino ‘solo Estados Unidos'”, afirma Hewson.

Además es difícil a que atenerse con Donald Trump debido a que su humor suele cambiar tan rápido como el tiempo en el sur de Australia.

“Tengo mucho respeto por Australia. Adoro Australia como país”, dijo el jueves Trump, dando a entender que no había que preocuparse mucho por el tono de sus conversaciones con los dirigentes extranjeros.

“No tenemos ni idea de lo que va a pasar”, confiesa la analista política australiana Belinda Edwards a propósito de las relaciones entre Australia y Estados Unidos.

Hay que elaborar “planes de urgencia en base a la idea de que la relación ya no es viable”, agrega.

Los gobernantes “australianos van a tener que plantearse la cuestión de cómo organizarse en un mundo en que no se puede contar más con esa alianza”, sostiene.

El viernes, Turnbull reafirmó que estaba convencido de que Trump iba a respetar el acuerdo sobre los refugiados.

Hewson duda que sea así y estima que los dirigentes de todo el mundo están sufriendo con Trump.

Sin embargo, “Trump se va a dar cuenta rápidamente de que no puede gobernar como administró sus empresas y progresivamente quedará inmerso en la complejidad y la realidad del ejercicio del poder”, sostiene.

“No se gobierna con tuits”, insiste Edwards.

Lo mismo piensa el ex primer ministro Kevin Rudd. “Este desorden va a cesar y volveremos a los fundamentos de la relación”, declaró al canal de televisión CNN.