Fácilmente se nos olvida de dónde venimos y el camino que nuestro país ha recorrido. En estas semanas de suma violencia mas familias perdieron a un ser querido a causa del crimen organizado que durante el mismo número de dias en esos 36 años de conflicto armado.

Entonces si hoy estamos desangrándonos como sociedad, vivimos al filo de la navaja, hemos sido testigos y actores de lo que cuesta rescatar nuestro Estado de la podredumbre, pues si nos ha costado tanto, hagamos lo necesario para tener instituciones modernas que sirvan para enfrentar estos enormes desafíos.

Logramos negociar y firmar La Paz firme y duradera entre los años 87 y 97, se llevaron a cabo difíciles negociaciones entre la guerrilla y el gobierno, pero había un propósito y una visión de país. Ya no había más sangre que derramar o más mártires que valieran la pena sacrificar. El camino fue el diálogo, la negociación y se lograron acuerdos.

Hoy 20 años después aún me cuesta entender las posturas radicales que llevan fusiles cargados en sus palabras, tan solo para derrotar al otro porque no piensa como yo.

Veo varias formas de escepticismo frente a la siempre necesaria construcción de la paz entre nosotros los guatemaltecos. A quien le queda duda de que Guatemala se hace grande y fuerte por ser diverso. Nos tenemos que poder respetar, ordenar y tener reglas claras. “El respeto al derecho ajeno es la Paz”.

Es por ello que es supra necesario fortalecer los tres poderes del estado y avanzar en este desafío generacional de la lucha contra la impunidad. Impunidad que afecta a todos por igual indistintamente de género o etnia.

Después de que varias generaciones hemos sido impactados por la guerra y la violencia, mismas causas que refuerzan la pobreza, algunos no creen que la paz sea posible, el miedo y la desconfianza han echado raíces muy profundas y dominan la manera de ver las cosas. Pero lo que hagamos hoy afectará los próximos 20 años. Ya seremos viejos y veremos entonces si les resolvimos problemas a nuestros hijos y nietos o les entregamos más complicaciones.

Defendamos la posibilidad de avanzar hacia las reformas urgentes y bien hechas. En el caso de la reforma del Sector Justicia, se han hecho llamados para que se amplíe el plazo para el debate de algunos puntos que aún no se entienden o no se han discutido lo suficiente. En todo diálogo hay dos puntos que hay que cuidar: 1. El proceso importa tanto como el resultado y 2. Cuidar que haya temporalidad (plazos para lograr acuerdos) y participación ciudadana (lo más representativo posible).

Como parte de una democracia abierta y participativa los temas se deben entender y debatir con conciencia y suficiencia.

Por ejemplo, la Justicia ordinaria vs. justicia indígena. Hay cosas muy buenas en ambas, el término justicia proviene del latín, Iustitia y que jurista romano Ulpiano, define a la justicia enumerando tres preceptos fundamentales, “vivir honestamente”, “no dañar a otro” y por último retomó la clásica definición de justicia de Platón como “la voluntad constante y perpetua de dar a cada uno lo que se merece”. Además se puede entender a la justicia como el “Supremo ideal que consiste en la voluntad firme y constante de dar a cada lo suyo”.

La justicia pronta y servida bajo el anhelado principio de igualdad para todos los guatemaltecos es el fin último que buscamos. No seamos tan escépticos y atrevámonos a caminar hacia las reformas que nos exige el contexto que vivimos y el futuro que queremos.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo