En los últimos días hemos conocido historias trágicas que por supuesto han consternado a la población guatemalteca, principalmente porque son niños quienes son víctimas de violencia en el más alto nivel, y de la manera más cruel y despiadada, que se traduce en una de las situaciones más lamentables que puedan ocurrir en la sociedad en donde no existe ningún pudor en demostrar que a diario los hechos violentos nos marcan.
Cuando era niño recuerdo que el jugar en las calles del barrio era una forma de crecer en armonía y estableciendo lazos de amistad fuertes, antes, la inseguridad de estar en la calle no era tan fuerte como ahora, creo que los mayores sustos que me causaron fueron causados por los típicos borrachitos de la colonia.
Y porque mencionó lo anterior, pues porque a pesar que el país pasaba por una época de guerra los mayores temores de nuestros padres y abuelos consistían en el temor de que nos fueran a tomar en cuenta para ser parte de alguna militancia, y sí, ese era el temor de todas las familias.
Ahora esas épocas han cambiado, porque el jugar en las calles para los niños se ha vuelto en una verdadera complicación, no solo por la manera en como la tecnología se ha expandido y ha logrado disminuir las actividades al aire libre. Como si eso fuera poco, ahora le podemos añadir que estas distracciones significan un alto grado de peligrosidad que cada vez se vuelve más violento porque las tragedias ahora parecen a la orden del día.
En realidad quisiera que está situación fuera diferente, ojalá que yo en mi calidad de padre únicamente me preocupará por lo mismo que mis padres, pero esto es alarmante y da pena imaginarse el tormento de los padres al no ver a sus hijos regresar y luego enterarse que murieron en manos de criminales que solo buscan como doblegar a las personas con mensajes de terror a través de asesinatos.
Sé que pueden ser muchas la causas de la violencia, ya que quienes la ejercen pueden tener un sin fin de motivos que van desde la pobreza, hasta el simple hecho de realizar el daño. Pero tenemos que dejar claro que no existe ningún motivo que justifique todo lo que sucede ahora, no entiendo como alguien puede hacer tanto daño a un niño, es incomprensible pero aún más penosa resulta la respuesta del Estado a esta problemática.
Nuestro país tiene que cambiar y es claro que las autoridades tienen que dejar ser parte del problema y empezar a dar resultados para el bien de la población, las investigaciones de estos casos tienen que ser serias y sobre todo siempre en la búsqueda de la verdad.
“No puede haber una revelación más intensa del alma de una sociedad que la forma en la que trata a sus niños”, Nelson Mandela.

 

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