Ahora que celebramos el día del cariño  y de la amistad, vale la pena reflexionar sobre éstas. Hay tres tipos de amistad que se definen: una por virtud, otra por placentera y la última por utilidad. La amistad por virtud se da entre hombres buenos que son un espejo psicológico el uno del otro. Ambos valoran lo mismo, ambos tienen una visión del mundo similar. Como el hombre bueno, el hombre virtuoso gusta de sí mismo, al verse en el otro, gusta de este. Le resulta agradable su compañía. Esta amistad primera pues, es la elección recíproca de los seres absolutamente buenos y agradables por ser buenos y agradables. En esta amistad se quiere al amigo en cuanto amigo y no en cuanto médico o músico, y el placer que dimana en cuanto tal es de amistad. Se le quiere a él o ella misma, por ser como es y no porque sea otro. Esta es la amistad más estable, porque no sólo es cada uno absolutamente bueno, sino que al mismo tiempo es bueno para el otro. Es pues ésta la amistad que es conforme a la virtud y motivada por el placer de la virtud.

La amistad por virtud cuando añade el apego pasional espiritual-emocional-sexual entre un hombre y una mujer que refleja una alta estimación por el valor de cada uno a la persona del otro conduce al amor romántico.

Empieza con una experiencia curiosa de una sensación de familiaridad con un extraño, una sensación de encontrar a una persona ya conocida en algún nivel y en alguna forma, misteriosa e inexplicable. Se da una fascinación con la novedad y rareza del otro, pero al mismo tiempo hay una sensación de algo conocido, como si se estuviera encontrando la concretización de algo que existe previamente como un potencial dentro de la propia psique. Es el asombro de reconocer a “otro u otra” quien al mismo tiempo no es “un otro u otra”. Es encontrar en el otro u otra una compatibilidad mutua en valores, visión de la existencia y de relación hacia ésta. En otras palabras, es encontrar a otro u otra con el mismo sentido de vida que uno. Es sentir: “mi amante ve la vida como yo la veo. La encara como yo la encaro. Experimenta la sensación de estar vivo como yo la experimento.”

Uno se siente atraído a una consciencia como la propia. La base de la relación romántica se da en las similitudes básicas, pero lo que la hace excitante son en buena medida, las diferencias complementarias.

Las diferencias complementarias representan para el otro u otra, un camino hacia nuevos mundos, una oportunidad y fuente para el desarrollo y para un intenso auto-descubrimiento. Así como hay división en el trabajo, lo hay en el desarrollo de la personalidad. Uno ve en el otro u otra, una parte de la propia personalidad que hasta entonces ha estado tratando de emerger. Si la otra persona ve la misma posibilidad en uno, se da una explosión de amor, una sensación aumentada de estar vivo por medio del contacto, involucramiento e interacción.

La amistad por placer es aquella que en que se eligen por el placer que se aportan mutuamente los coetáneos, como en el caso de que ambos sean músicos, o uno aficionado a la música y el otro músico, porque todos tienen algo bueno, y así, pueden armonizar unos con otros. Y hasta pueden ser mutuamente útiles y provechosos –no en sentido absoluto, sino que en cuanto a lo toca a su intención.

La amistad por utilidad se da entre opuestos, pues lo opuesto es amigo de lo opuesto en cuanto útil, pues lo semejante es inútil para sí mismo. Por eso un vendedor precisa de un comprador y el comprador del vendedor; un empleado de un empleador y el empleador de un empleado; una mujer y un varón se precisan mutuamente; y lo opuesto es placentero y apetecible en cuanto útil y no en cuanto en el fin, sino que en tanto que es con vistas al fin. Pero la amistad de lo opuesto es también, de alguna manera, de lo bueno, pues se desean unos a otros gracias a los bienes intercambiados. Además la amistad de lo opuesto es accidental, pues los opuestos no se desean unos a otros, sino a lo intercambiado. Por tanto son amigas por accidente las cosas opuestas, y en virtud de lo bueno.

Ya hemos considerado los tres tipos de amistad. Indaguemos ahora sobre la concordia y la benevolencia. Hay quienes piensan que la benevolencia y la amistad son lo mismo y que no existe la una sin la otra. Pero la benevolencia no es lo mismo que la amistad sino que un principio de amistad, ya que todo amigo es benevolente, pero no todo benevolente es amigo. Pues el que sólo es benevolente se parece al que comienza a ser amigo; por eso es principio de amistad, pero no amistad.

Ahora, los amigos concuerdan y los que concuerdan son amigos. Pero la concordia amistosa no lo es en relación a todas las cosas, sino que en relación a las realizables para la convivencia. Hay concordia pues, cuando existe la misma elección acerca de las normas de conducta que permiten a cada uno alcanzar sus propios fines; es decir, cuando concuerdan que la mejor manera de que cada quien florezca es por medio de la amistad por utilidad, y que esta exige el respeto mutuo a la vida, libertad y propiedad de cada quien. En suma, la concordia es una amistad cívica o política.

¡Feliz día del cariño!

 

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