El crecimiento poblacional era considerado hace unos años como un obstáculo al desarrollo, inclusive como causante de flagelos como la pobreza, el desempleo y la inestabilidad.

Sin embargo, hoy en día si se gestiona correctamente, los países con mayor población y mejor educada contarán en el largo plazo con capital humano joven, preparado y una mayor demanda de bienes y servicios. Lo anterior representa una doble ventaja y es conocido como dividendo demográfico.

Este fenómeno se entiende cuando en un país prevalece una escasez de ancianos, pero por el contrario, mayor población activa debido a una alta tasa de natalidad pasada, y pocos niños dado menores tasas de natalidad.

Esto impulsa a que más mujeres y jóvenes se incorporen al mercado laboral e incremente tanto la productividad como el ingreso familiar.

En este sentido, Guatemala es un ejemplo de ello. De acuerdo al Observatorio Demográfico, elaborado por la Cepal, el número de habitantes  en América Latina ascendió hacia mediados de 2016 a 625 millones de personas.

La tasa de crecimiento total de la población, variación observada de nacimientos, defunciones y movimientos migratorios, se sitúo a nivel regional en 11.4% por cada mil personas. Mientras que Guatemala registró la tasa más alta (20.8%), por encima de Panamá (16.4%) y Bolivia (16.1%).

Por otro lado, el índice de envejecimiento en América Latina fue de 41.1 personas de 6 años y más por cada cien menores. Los índices más altos en la región fueron Cuba (113.8), Uruguay (87.9) y Chile (73.5). Mientras que Guatemala registró el índice más bajo (18.6).

Es importante mencionar que el envejecimiento poblacional podría contraer el ahorro e impactar en la productividad, dado que aumenta la cantidad de recursos para la prevención y la salud.

Por otro lado, el crecimiento poblacional presenta un desafío importante: la educación. Lo anterior supone una oportunidad para Guatemala pero a la vez el reto de políticas educacionales que se apliquen en el país. En este sentido, la cobertura escolar y la formación técnica para los jóvenes guatemaltecos representan el futuro para el país. Aprovechar el dividendo demográfico permitiría elevar la productividad del país.

La participación de los jóvenes y las mujeres en el mercado laboral representa una oportunidad clave, siempre y cuando la formación y capacitación sean la estrategia para impulsar la productividad del país.

La competitividad del país dependerá de los niveles educaciones. En la medida en que se alcancen coberturas en educación más altas, se podrán concentrar más esfuerzos en la formación técnica para un capital humano más productivo.

La perspectiva de mayor crecimiento demográfico plantea el desafío de proveer educación permanente y de calidad con el fin de alcanzar altos niveles de eficiencia en el país. De no aprovechar esta oportunidad, dejaremos pasar el momento para alcanzar mayor inversión y desarrollo para el país.

 

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