La situación dramática de víveres y comida en Venezuela tiene el nombre popular de “Dieta Maduro”, término que intenta de alguna manera esconder debajo de la alfombra un problema serio.

El desabastecimiento golpea más a la clase media que es solamente un 20 por ciento de la población no pobre del país, que ahora hace malabares para que sus platos de comida sean aceptables y no caer en un plato de comida de gente pobre.

Este grupo en especial ha tenido que hacer este tipo de “dieta” y cuando se ven o se saludan la primera pregunta al verse más delgados es: ¿hacés la “dieta maduro”? y no es porque sea recomendada por el mandatario que con su ignorancia probada como gobernante sea además nutricionista de tiempo completo; al contrario es por la fuerte crisis económica.

Cada vez es más difícil conseguir gas para cocinar y cuando hay las filas son extensas a pesar que es una nación petrolera. ¿Qué cocina una familia ante la falta de carne y harina? Vegetales contestan en su mayoría, porque es lo más económico que se consiguen. La mayoría de venezolanos solo consumen alimentos para poder subsistir, mantenerse con vida y medianamente saludable.

La Encuesta sobre Condiciones de Vida de los Venezolanos (Encovi) publicada a mediados del año pasado y que elaboran las tres universidades más importantes del país, al 87% de la población no le alcanza sus ingresos para comprar los alimentos necesarios y la mayor parte de su dieta, basada en carbohidratos, es de “subsistencia”.

En los últimos meses ha aumentado la escasez de pasta a precios regulados, arroz, harina de trigo y, sobre todo, harina de maíz precocida, ingrediente base del pan nacional que es la arepa.

Incluso es más común los gestos entre las madres que prefieren que coman sus esposos o sus hijos en vez de ellas.

Es lo que hay

Así nacen combinaciones absurdas de comida como la yuca con mandarina que se reduce a la improvisación: Lo que hay.

Para Ángela Caballero, maestra jubilada se lamenta por haber eliminado de su dieta el pescado: “Hemos tenido que suspenderlo; no tenemos el poder adquisitivo ni siquiera para comprar medio kilo porque es demasiado costoso”.

En vez de dos sándwiches, nos hacemos uno de tres pisos y ahorramos una rebanada. En vez de dos cucharadas de azúcar, cucharada y media. En vez de un café fuertecito, más guayoyo [largo, tipo americano] y sin leche [risas]. Eso incide poco a poco en el peso corporal”, agrega.

Además, ha tenido que reinventar su dieta según los insumos disponibles y bromea con el tema: “A mí me gusta la yuca, pero ahora estoy comiendo muchísima más yuca que antes porque en este momento es lo más abundante, igual que las mandarinas. Esa es la Dieta Maduro de la ‘temporada’: yuca y mandarina”.

“Dejé de comprar yogur y eso me ha afectado bastante porque era una adicta al yogur. La leche completa tampoco, más nunca la he vuelto a ver”, asegura esta venezolana con cinco bisnietos quien, a pesar de su edad, se mantiene activa como corredora de bienes raíces pero lleva dos años sin cerrar ninguna transacción debido a la contracción general de la economía.

Su voz se suma a la de los que han reducido el consumo de carnes, los que han aumentado la ingesta de pollo y huevos y los que compran pescado muy de vez en cuando, “como un lujo”.

“He perdido siete kilos ya, en el último año”, dice.

Inflación

La inflación ha obligado a la gente a buscar formas alternas de rendir el dinero. “Estamos hablando de que el sueldo de un profesor universitario titular, que es el grado más alto del escalafón universitario, con doctorado, a tiempo completo, no llega a los 120 mil bolívares mensuales [2,5 salarios mínimos], cuando la canasta básica en Venezuela está alrededor de los 600 mil. Cuando el ingreso está muy por debajo del costo de la cesta básica, eso implica cambiar los hábitos de consumo”, expresa Caballero.

Este es el carnet con el que acreditan a los venezolanos a comprar comida.

En estos momento no se establecen mayores diferencias entre la inflación y el desabastecimiento porque ambas cosas están conectadas.

Muchos aseguran que no está mal diversificar la dieta pero no puede haber ningún beneficio en la coerción. “Nada obligado puede ser beneficioso. Cualquier cosa que atente contra tu libertad de escoger, la manera como te alimentas, la manera como vives, no puede ser beneficiosa, agrega Ángela Caballero.

El gobierno de Nicolás Maduro acaba de crear el llamado “Carnet de la Patria”, un mecanismo de control de acceso a los alimentos orientado en principio a las clases más desfavorecidas. Para la gran mayoría del país, no es más que la versión venezolana de la libreta de racionamiento cubana y en cualquier momento podría extenderse a toda la población.

Lo que quiere decir que en un futuro toda la alimentación estará bajo el control oficial. La gente se niega a creer que está al nivel de Cuba pero cada vez están más cerca. Algunos han llamado esto la “carnetización del hambre”.

 

Con información de Yahoo noticias