Uno cree haberlo visto todo en este mundo que a veces es tan caótico, hasta que ¡BOOM! De repente uno se topa con la noticia que un tipo quiso hacerse el inteligente masturbándose en un sitio público y además del espectáculo que dio a buena mañana quiso involucrar a una mujer con sus secreciones corporales. ¿Qué está pasando con el mundo? ¿Qué tan desubicado se tiene que ser para realizar algo así?

El tema tuvo gran impacto en redes sociales y algunos comentarios daban ganas de cancelar el internet, cerrar las redes sociales y mudarse al iglú más alejado de los usuarios en cuestión. Algunos, la mayoría por suerte, hablaban sobre lo reprobable del acto, sobre la pronta acción de las autoridades o sobre la valentía de la víctima al denunciar. Pero otros comentarios trataban de excusar al hombre con causas como “Ay saber cómo iba vestida la mujer.” “Uno tiene que pensar cómo vestirse porque los hombres no son de palo” “Esa mujer lo que quiere es sacarle dinero.” Y viendo esos comentarios entendí porque ese tipo creyó que podía hacer lo que hizo. Entendí que era algo completamente normal porque igual de seguro que las mujeres del transporte esperaban justo un espectáculo como ese y él muy bueno lo dio.

Hay que hablar de la manera en la que como sociedad afrontamos eventos como este. Entiendo que dentro de nuestra manera de afrontar los problemas siempre este presente el humor, pero en este caso no había manera de poder ver esto como algo gracioso o un hecho algo irreverente que igual nos hace reír. ¡NO! Es un hecho que todos los sectores de la sociedad debemos de repudiar para que no vuelva a repetirse.

Pero hay algo que rescatar de esto y es que la mujer que sufrió de este acoso callejero extremo, fue valiente y denunció. Una actitud que es digna de aplaudir, y de seguir si se tiene la desgracia de ser víctima de algo parecido. Dejó de lados los miedos y la supuesta culpa que tienen las mujeres cuando algo así les pasa. La vergüenza de ser objeto de mero placer de alguien que solo piensa en las mujeres como eso, “objetos”.  Muchas veces se nos olvida que denunciar es, además de un derecho, una obligación ciudadana. No podemos ni debemos olvidar que nacimos con este derecho y ejercerlo sin ningún temor.  ¡SIN TEMOR! Porque ser víctima no es nada de lo que nos debemos avergonzar. Lo verdaderamente reprobable es la actitud de quién además de hacer algo incorrecto busca repartir las culpas de estos actos. Además, se tiene la obligación de denunciar para proteger el futuro de alguien más.  Es gracias a las denuncias que se pueden ir reparando las sociedades.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo