Por lo que ha saltado a la vista en estos días, en el mundo indígena existe la misma amalgama de posturas que existe en el ladino, que se da en las zonas urbanas, y creo que deberíamos no de oírlos sino de escucharlos con atención. En el tema de las reformas a la Constitución, especialmente en cuanto al tema indígena, el Movimiento Cívico Nacional hizo lo que creo que nadie más se había tomado la molestia de hacer: ver que piensan las mujeres indígenas, representadas por líderes femeninas de varios grupos de diversos departamentos. Si bien las mismas líderes lamentaron la ausencia de sus colegas de Quiché y de otras áreas, dejaron en evidencia varios puntos claves.

Primero, que existe poca o nula información y por ende, profundo desconocimiento sobre el tema de las reformas. Segundo, que ellas no quieren perder los derechos que la mujer y la niña han ganado con tanto esfuerzo, quedando nuevamente reducidas a roles del pasado. Tercero, las señoras explicaron que si bien en algunos ejemplos y debido a la clara ausencia de la autoridad tradicional moderna (policía, etc.) alguna forma de justicia ha sido impartida a nivel comunitario. Una de las señoras inclusive dijo que había sido la Alcaldesa de su municipio y no los hombres del lugar, quien había logrado impartir justicia en forma adecuada. Lo que nos lleva al cuarto punto, esta discusión se deriva en parte de la ausencia de personal de la Policía Nacional en áreas de alta densidad de población indígena, y lo que vemos es un esfuerzo por llenar ese vacío. Quinto, en el mundo indígena no existe una cultura de denuncia, en parte por desconocimiento, en parte por temas culturales que dan al machismo campo libre para la violación y la pedofilia y aún anulan a la mujer. Sexto, las señoras que participaron subrayaron que ellas no son representantes de toda la mujer indígena, haciendo una clara diferenciación entre los mismos grupos indígenas dónde no todo funciona homogéneamente.

Importante resaltar como lo expuso Gloria Álvarez, que según medios de prensa (entre ellos el Diario La Hora) hay más o menos 2008 niñas menores de 13 años que han resultado embarazadas debido a violaciones, y muchas de éstas por parientes. Y sólo en violaciones sexuales reportadas van 21,232 entre el 2012 y el 2015, de las cuales 1275 llegaron a sentencia. Es decir que en un total de 1,460 días son violadas aproximadamente 15 mujeres a diario. Si las instancias que abordan los delitos contra la mujer son tan eficientes hoy día, no quiero pensar las cifras que se daban antes de que existieran.

El tema de la mujer y la sexualidad en el mundo indígena prehispánico ha sido objeto de estudios por años, dejando claro que el incesto, la sodomía, y la poliginia eran prácticas comunes en los diversos pueblos del continente Americano. Inclusive, como lo explica por ejemplo el diario La Nación de Chile, en su artículo ¿Cómo era la sexualidad indígena en Chile? Describe que en las culturas huasteca y maya, existen representaciones de homosexualidad. Si bien el adulterio en casi todos era penado severamente. Pero todo esto en la época prehispánica.

Hoy día, no es secreto que el incesto y la pedofilia (como las cifras lo demuestran) siguen vigentes. En el artículo “Niños indígenas ¿víctimas de las tradiciones de sus comunidades?” de Paloma Valencia Laserna, publicado en El Espectador el 3 de octubre del 2011 dice que “hay un cierto romanticismo que pretende que todo se quede como ha sido; aquella tendencia alcanza extremos desbordados cuando se refiere a culturas indígenas, primigenias o ancestrales. Pero, no podemos pretender que las culturas no se transformen. Las tradiciones tienen un valor, pero los movimientos sociales son más importantes; las sociedades cambian desde adentro y desde afuera, y es ingenuo y perjudicial pretender detenerlas en el tiempo. El cambio, la transformación, el movimiento son propios de las culturas vivas.” Concuerdo con ella en pleno. De lo contrario, el mundo seguiría quemando vivo a todo aquel que vaya en su contra, como durante la Santa Inquisición, y los Girolamo Savonarola de hoy continuarían aterrorizando a la sociedad con su ignorancia y rigidez mental. Como decía mi abuelita, “ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”. Existen tradiciones que vale la pena preservar, pero otras que debiéramos sepultar en la memoria.

Es así que en lugar de estar discutiendo sobre como legitimar a las autoridades “ancestrales” debiéramos de pensar cómo bien dice Gloria, en como mejorar la implementación de justicia en el interior del país. En fortalecer a la Policía Nacional, y educar a nuestros oficiales de policía para que comprendan que una emergencia de violación a una mujer indígena es algo importante que debe ser atendido con la misma relevancia que un secuestro. Sólo así y generando empleo formal, demostraremos los ladinos que en verdad nos importan nuestros conciudadanos indígenas, que tienen los mismos derechos que los de la capital, y que merecen el mismo respeto y atención. Guatemala somos todos, por igual, ¡pero que se vea!

República es ajena a la opinión expresada en este artículo