Esta semana se dio a conocer la tan anhelada Encuesta sobre Migración Internacional y Remesas Guatemala 2016, elaborada por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Como uno de los principales hallazgos se mencionó que el departamento de Guatemala y el occidente del país fueron las regiones con mayores beneficios por el envío de remesas durante el año de estudio.

Según las estimaciones, de los 6 millones 212 mil guatemaltecos beneficiados por las remesas de guatemaltecos radicados en el exterior, un 21.5% habitan en el departamento de Guatemala y un 9.4% en el departamento de San Marcos. Mientras que los departamentos de Huehuetenango y Quetzaltenango concentran un 8% y 6.2% de los ingresos por concepto de remesas respectivamente.

Es importante mencionar, que del total de guatemaltecos beneficiarios por las remesas que ingresan al país, un 49.5% habitan en sectores urbanos, mientras que un 50.5% viven en áreas rurales. Por lo que pareciera ya no ser un fenómeno predominante en el área rural. Las remesas representan un estímulo de ingresos para el país como un todo.

Pero otro hallazgo importante fue el destino de los recursos enviados al país. Para muchos guatemaltecos estos recursos tenían como principal destino el consumo. Sin embargo, el estudio detalla que en 2016 los recursos obtenidos por concepto de remesas se destinaron al ahorro e inversión.

Efectivamente en 2010 un 49.9% de los ingresos por remesas familiares se destinaron al consumo y solamente un 20.4% a inversión y ahorro. Pero en 2016 este fenómeno pareciera revertirse: un 49.8% de las remesas se destinó a inversión y ahorro mientras que el 35% fue para consumo.

Lo anterior denota que las remesas representan el motor de las decisiones de consumo e inversión del país. Lo cual pareciera ser positivo a simple vista, pero el trasfondo es preocupante. Como país no somos capaces de generar un modelo económico incluyente que permita a la población ampliar sus capacidades y alcanzar desarrollo.

Por ende debemos replantear el modelo económico. Las remesas no pueden ser la fuente principal de ingresos del país para dinamizar la actividad económica. Pareciera ser que las remesas se han convertido en la política económica para erradicar la pobreza. Pero éste no es el camino, menos frente a los nuevos vientos políticos en EE.UU.

El verdadero camino para revertir esta realidad está en unir esfuerzos e impulsar inversión en nuevos sectores productivos que promuevan mejores oportunidades de empleo para un crecimiento sostenido en el tiempo.

Necesitamos reinventar y apostar en nuevos motores de desarrollo para reactivar la economía nacional.

 

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