“No hace falta un gobierno perfecto; se necesita uno que sea práctico.”

– Aristóteles (384 A. C. – 322 A. C)

Con el nombramiento reciente de Elisabeth “Betsy” DeVos como Secretaria (Ministra) de Educación en Estados Unidos, en semanas recientes ha empezado a hablarse de los vouchers educativos o cheques escolares, los cuales la señora DeVos favorece (en Estados Unidos este sistema se conoce con el término de “Charter School”). Hay muchos argumentos válidos en favor y en contra del uso de vouchers. Muchos países ya han adoptado en alguna medida este sistema, tales como Alemania, Australia, Canadá, Chile, China, Colombia, Dinamarca, España (plan piloto), Estados Unidos (algunos estados), Estonia, Francia, Holanda, Hungría, Inglaterra, Israel, Italia (algunas regiones), Lituania, Nueva Zelandia, Noruega, Polonia, Qatar, Suecia, Turquía y Tailandia.

Contrario a lo que proponen los detractores del sistema de vouchers educativos, este mecanismo no supone privatizar la educación, sino al contrario, propone CONTINUAR CON EL SUBIDIO ESTATAL de la educación, pero en vez de ser la escuela quien recibe el subsidio, son las familias quienes lo reciben directamente, dándoles libertad para escoger la escuela – pública o privada – a la que desean que sus hijos asistan. Las escuelas públicas y privadas, tendrían que competir por atraer a los estudiantes a sus escuelas, quienes pagarían las mismas con los vouchers educativos y las escuelas a su vez, canjearían estos vouchers ante el Estado, quien finalmente sería quien subsidiaría la educación. La diferencia con el sistema actual es que se traslada el control del Estado hacia las familias y obliga a las escuelas a innovar en sus programas educativos y a demostrar mejores resultados que validen su calidad, a la vez que reduce la burocracia estatal.

El presupuesto del Ministerio de Educación de Guatemala es de casi Q13.9 millardos. Si dividimos esta magna cifra entre los 3.9 millones de estudiantes de preprimaria hasta diversificado resultaría que el Estado gasta alrededor de Q3,600 al año por estudiante. Sin embargo, el 99 % de este presupuesto está destinado a gastos de funcionamiento; Q10.8 millardos (78 %) se van para pagar sueldos. Lo demás es para alquileres, materiales y otros gastos de operación. Para inversión quedan únicamente Q77 millones (menos del 1 % del presupuesto del Ministerio de Educación) los cuales resultan en promedio Q2,000 anuales por escuela, al dividirlo entre las cerca de 38,500 escuelas públicas de preprimaria hasta diversificado. Este presupuesto contempla aproximadamente Q67 de materiales y textos al año por estudiante. Al ver estas cifras y dimensionar el costo por estudiante de nuestro sistema educativo público, se puede empezar a comprender los motivos por los cuales se vuelve difícil mejorarlo.

El mecanismo de vouchers educativos está en consonancia con el artículo 73 de nuestra Constitución Política, la cual se refiere a la libertad de educación y asistencia estatal, estableciendo que “la familia es fuente de la educación y los padres tienen derecho a escoger la que ha de impartirse a sus hijos menores” y establece que “el Estado podrá subvencionar a los centros educativos privados gratuitos”. También es consonante con el artículo 75 de la Constitución, el cual establece que la administración del sistema educativo deberá ser descentralizado y regionalizado.

El uso del cheque escolar o vouchers educativos puede presentar los siguientes beneficios: 1) mayor diversidad de opciones educativas; 2) mejora en la calidad educativa propiciando mejores resultados y estudiantes mejor preparados; 3) libertad de elección de escuelas a las familias; 4) otorga más poder a los padres sobre la educación de sus hijos; 5) Obliga a una gestión escolar más profesionalizada; 6) reduce la burocracia estatal; 7) aumenta la transparencia; 8) limita el poder del Estado sobre los establecimientos educativos. También tiene riesgos: 1) puede politizarse; 2) requiere de control adecuado para evitar la corrupción; 3) la educación responde distinto a la competencia que otras entidades que compiten libremente por sus clientes.

Ciertamente el sistema de vouchers educativos no es ninguna panacea ni la solución perfecta y la implementación de este sistema es lo que puede propiciar su éxito o fracaso; la rendición de cuentas debe ser un elemento importante. El Estado aún debería definir lo que es una escuela certificada para asegurar que los vouchers se destinen a las mismas. Las experiencias de los distintos países que han implementado el sistema ha sido variada. El Banco Mundial ha llevado a cabo investigaciones en diversos países y de acuerdo a una publicación en la Cumbre mundial de innovación educativa (WISE, por sus siglas en inglés) hay evidencia que los vouchers educativos pueden ayudar a un país a mejorar su sistema educativo.

Por supuesto, no podemos tomar como receta de cocina un modelo que ha sido exitoso en otro país. Sin embargo, vale la pena tomar la experiencia de otros países, comprender los factores que han propiciado el éxito del sistema y a la vez, evaluar aquellos factores que han contribuido a fracasos en el mismo y desarrollar un modelo que sea funcional para nuestro país. Aunque el voucher educativo puede ser solo parte de la solución para mejorar nuestro sistema educativo, me parece que puede direccionarnos en el camino correcto.

 

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