Siempre oímos de nuestros ancestros que “Ganado”, era un término que originaba su nombre, precisamente de la ganancia o rentabilidad que esta actividad producía a quienes se dedicaban a ella. Y recuerdo que ser “ganadero”  era sinónimo de una persona económicamente saludable.  Hoy día esto no es del todo cierto.  De hecho la mayoría de las personas que se dedican a la actividad ganadera, tienen ganancias muy marginales, si es que las tienen.

En el pasado esta actividad se inició cuando mucho del negocio del “añil”  requería un empaque para los embarques de este producto de exportación. Después fue en las tierras que la Iglesia católica poseyó como una concesión de la colonia. En esta época de alguna manera los pocos o muchos animales que se soltaban en estos bastos terrenos si   produjeron ganancia, cuando a la vuelta de los años se convertían en hatos grandes, gracias a la reproducción de los propios animales de una manera natural. La tierra sobraba, los animales que sobrevivieron y se multiplicaron sin el mayor esfuerzo de quienes más tarde recibieron o compraron la tierra que dejo de ser de la Iglesia, institución que la perdió, especialmente a partir de la revolución de 1871. Quienes desde ese entonces vieron como sus tierras se llenaban de ganado vacuno, por supuesto que relacionaron su ganancia con el ganado.

Muchas tierras de bosque original se reconvirtieron en pastizales, generalmente de una manera extensiva. Gracias al esfuerzo de los pioneros, y muchas veces a causa del trabajo de más de una generación se formaron grandes haciendas, dedicadas a la ganadería. En otros muchos casos a partir de esos primeros hatos este negocio se convirtió  un rubro muy importante para la generación de riqueza para pequeños y medianos ganaderos también. Sin dejar de lado la generación de incontables puestos de trabajo. Y  así las cosas se formo una casta de ganaderos guatemaltecos, muy orgullosos de serlo. Si no basta con recordar las fiestas ganaderas, con las exposiciones de ganado, subastas, jaripeos, desfiles hípicos, bailes de gala, etcétera,  en lo que fue otrora el parque La Aurora.

Sin embargo en los últimos veinte años esta actividad agropecuaria empezó a dejar de ser tan rentable como lo fue siempre, y especialmente en los últimos  diez años se convirtió en un muy buen negocio pero no para aquellos ganaderos tradicionales, sino más bien para los  intermediarios que le pusieron precio al ganado en pie en las fincas. Por otro lado el desarrollo de otras actividades más rentables como el algodón,  el banano,  y recientemente la caña de azúcar significó la sustitución de esta noble actividad. Sin embargo, el problema de la rentabilidad fue por la falta de innovación y sobretodo la falta de producción ganadera en base a tecnología moderna. Todo esto provocó un fenómeno de distorsión de los precios de la carne, especialmente el precio por libra pagado al ganadero. Situación totalmente diferente al resto de muchos países de latino América donde el precio de la libra de carne en pie estuvo muy cercano al $ 1.10, equivalente a aproximadamente de Q 7-8,  mientras que en esos mismos años al ganadero se le pagaba entre Q 3.5 y 4.00. Si a esto le sumamos que el ganadero tradicional no es muy dado a hacer cuentas de sus costos reales esto provoco que muchos prefirieran reconvertir sus tierras a algo más, principalmente caña, donde es mucho más rentable arrendar y recibir un estipendio sin riesgo, con mayor ganancia que lo que recibía de su actividad ganadera. Luego mucho de esta actividad sino toda se traslado a la zona norte, donde el costo de la tierra era mucho más bajo. Sin embargo, en mi opinión el problema más grave para la mayoría de los ganaderos es no hacer un buen costeo de su actividad. Pero por otro lado también olvidar que esta actividad está basada en tres componentes principales: la genética, la salud animal pero una que casi nunca se toma en cuenta, que es la comida. Especialmente en ganado producido en potreros. La preocupación normalmente fue cuantas cabezas se tenía, más que cuantas libras de carne se producían por unidad de área (manzana), es decir el grado de eficiencia. Y es por esta razón que el intermediario o comprador en finca siempre ha tenido la ventaja. El cálculo que normalmente se hace es cuanto me cuesta la unidad animal y a cuanto la vendo después de un tiempo de tenerlo pastando, generalmente en invierno. Muy pocas veces y menos ganaderos han integrado el costo de oportunidad de su tierra, o el impacto de las reses muertas durante el proceso, menos el integrar otros costos como su tiempo, desgaste de vehículos, medicinas, jornales directos e indirectos, costo financiero por el tiempo del desarrollo del animal, transporte, etc. Los pocos ganaderos que han subsistido, en muchos casos es por el tamaño de sus haciendas y sobretodo porque la infraestructura estaba ya hecha y no se ha contabilizado. Otros por el amor a la actividad o por tradición han permanecido, otros pocos porque la ganadería ha sido un “hobby” y su actividad económica es otra. Y los menos porque son realmente eficientes y tecnificados en algún grado.

El hato ganadero en el norte creció de una manera ilógica e inexplicable, alcanzando niveles que se estiman cerca de los tres millones de cabezas, cuando las estadísticas siempre han estimado el hato guatemalteco en alrededor de 1.8 a 2 millones. Lo que contribuyo a la sobreoferta que impacto los precios de venta. Sin embargo, por alguna razón la oferta en Estados Unidos disminuyó, elevando los precios a niveles de $ 2.89-2.92 por kilo de carne en canal. Fenómeno que provocó una masiva exportación de ganado desde México. Situación que hizo que compradores mexicanos vaciaran el hato de Centroamérica, especialmente Guatemala, llevándose vaca, novilla y lo que estuviera disponible. De tal suerte que en realidad nadie sabe cuál es el hato hoy día. Nuestras autoridades hacen números desde sus oficinas y asumen que solo se resta lo que estiman de matanza en los rastros municipales. No creo tengan idea de lo que sale por pasos ciegos a lo largo de la frontera. Ni de lo que se destaza a diario tras bambalinas en los pueblos. No tienen idea si hay 400 o 800 rastros sin registro. Mucho menos tienen una política pública definida para esta actividad tan importante, que sin percatarse ha dado nombre al MAGA. Es tan grave el desconocimiento de las autoridades que cuando los abastecedores (carnicerías) claman que no pueden trabajar con los precios de mercado, dicen irresponsablemente que se consuma otro tipo de carne. O ponen precios tope.

Hoy día que la actividad presenta un escenario potencialmente favorable nos toma con los pantalones abajo, sin estrategia, sin conocimiento y sobretodo sin voluntad política de  aprovechar las oportunidades que se pueden presentar. Donde está la visión de incentivar la actividad, de regular el contrabando, etc. Donde está la capacidad de captar mercados como el de China. O desarrollar segmentos diferenciados. Donde está el fomento. Países como Nicaragua, Costa Rica y Panamá nos llevan años de ventaja. Y una de las razones es que sus autoridades trabajan para y con su sector. No lo hacen a lo interno de sus oficinas burocráticas, preocupados por conservar sus puestos en vez de hacer su trabajo. La competencia no es la iniciativa privada, son los competidores externos.

¿Qué podemos hacer los ganaderos para volver a ganar con el Ganado?¡ Unámonos!

 

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