Guatemala es un país pobre que no está creciendo a tasas que generen una mayor riqueza para todos sus habitantes.  Encima de todo, de lo poco que hay en cuanto a creación de riqueza, el Gobierno se encarga de malgastar una buena parte entre programas que no sirven para crear condiciones que permitan potencializar ese débil crecimiento y la corrupción que hasta ahora se está combatiendo de frente.  Por estas razones, hay pobreza, desempleo y desesperación en muchas familias.  Esto hace además que algunos opten por arriesgar sus vidas y emigrar a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades.

         Para poder reactivar a todo el país no se necesitan programas especiales de fomento a ninguna actividad.  Se hablaba el otro día de una ley que fuera dedicada exclusivamente a los ganaderos.  Este tipo de leyes crean distorsiones en la economía y desigualdad ante la ley.  Sin embargo, si algo es bueno para un sector podría serlo para el resto del país.  No es mala idea que las cosas que funcionen se apliquen a todos por igual.  Me refiero a reducción de impuestos o eliminación de algunos.  Si lo hacemos para todo esto permitirá que el dinero quede en manos de quienes lo saben hacer producir más eficientemente.

         Por otro lado, Guatemala sigue con déficit anual en sus cuentas globales.  No es el déficit en si el problema sino el enorme gastos del gobierno el que hay que reducir.  No se mira por donde se quiera reducir este gasto.  Existen varios ministerios que deberían cerrarse inmediatamente además de muchos programas en el resto que no deberían existir. De entradita considero que se debe eliminar el Ministerio de Desarrollo que ha sido hasta ahora un foco de corrupción y promoción política del partido de turno que maneja el gobierno.

         El problema de Guatemala no se resuelve con un gobierno que intervenga más, al contrario, con es urgente que se dedique a sus funciones básicas de garantizar los derechos a la vida, a la libertad y a la propiedad.  Para ello no se necesitan tantos impuestos como los que existen hoy en día.  Bastaría sólo uno y considero que el IVA a una tasa del 10%, sin excepciones, es el idóneo.  Puede haber mucha discusión aquí pero ¿se imaginan que los guatemaltecos, todos, sin excepción, sólo pagáramos el IVA? 

Un sólo impuesto con una única tasa, cobrado a todos en forma general y  proporcional (misma tasa sobre distintas bases, o sea 10% parejo), daría simplicidad al sistema impositivo de Guatemala, incrementaría enormemente la eficiencia del país, y permitiría la capitalización de Guatemala con la creación de muchas oportunidades de trabajo y de mayor bienestar para todos.  Además, disminuiría la corrupción y la evasión.

Ya no existiría el Impuesto Sobre la Renta con su efecto tan impactante sobre los más pobres del país al reducir las oportunidades de trabajo por causa de afectar directamente a la capitalización.  Ya no se necesitaría tanto auditores expertos en detalles sin importancia para ver si un gasto es deducible o no.   Estos auditores podrían encargarse del control interno y externo de las empresas para su mejor desempeño.   Ya no se necesitarían tantos contadores perdiendo el tiempo y recursos de toda la sociedad por estar completando y documentando formularios para el pago del ISR.  Estos contadores podrían dedicarse a la contabilidad gerencial para una mejor toma de decisiones de los gerentes.   Ya no se necesitaría tanta papelería, escritorios, archivos, oficinas, edificios y personal por causa de un impuesto que disminuye la productividad del país.  Quienes pagamos impuestos ya no perderíamos tanto tiempo llenando formularios absurdos y coleccionando facturas para preparar nuestras declaraciones.  En vez de ello podríamos dedicarnos a ser más productivos o al ocio o a lo que quisiéramos.   Cualquier cosa implicará una mejoría enorme en eficiencia de tanto talento disperso en vez de toda la pérdida de tiempo que implican estas actividades.

Tendríamos además un sistema económico más eficiente porque al eliminarse los aranceles de importación se permitiría la competencia externa con lo cual los consumidores tendrían la oportunidad de escoger productos con mejores precios y calidad.  La competencia es buena para el consumidor porque permite que los productos sean más baratos y mejoren su calidad.  Ya no tendríamos aduanas ni todo el personal y espacio que éstas ocupan.  No habría necesidad de tramitadores ni tantos trabajos burocráticos que no incrementan para nada la riqueza del país.  Toda esa gente podría emplearse en las nuevas empresas que sí generarían riqueza.

Ya no harían falta Zonas Francas pues todo el país sería una enorme zona franca.  Si todo esto funciona en las zonas francas ¿por qué no probar en todo el país? 

Pero no sólo es cuestión de simplificar y reducir el pago de impuestos y hacerlo general eliminando todas las excepciones.  También hay que permitir que los costos de mano de obra se ajusten libremente a las condiciones de cada lugar.  En el interior del país hay lugares donde la gente gana cero.  Esta gente desea ansiosamente una oportunidad para poder mejorar su nivel de vida.  Dado que nuestro país tiene por el momento muy poco capital invertido, existe mucho desempleo y los salarios son bajos.  No es con más rigidez en las leyes laborales del país ni con el establecimiento de salarios mínimos por decreto por encima del salario que las personas libre y voluntariamente acordarían que va a mejorar esta situación.  Es con más capital invertido y no flexibilidad laboral para que en la medida en que viene más capital y se inviertan en máquinas y herramientas que incrementen la productividad se pueden ir generando todas esas enormes oportunidades en el interior del país, se reduciría el desempleo y el nivel de vida de los guatemaltecos comenzaría a incrementarse.  En pocas palabras, la pobreza se reduciría.

La única solución para lograr una verdadera reactivación económica es mediante una drástica reducción del Gasto Público, una reducción de impuestos, en especial el ISR y los aranceles de importación y una flexibilización de las leyes laborales. 

 

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