Hace unas semanas publiqué en mi columna acerca de los lazos que habían surgido entre los ciudadanos promedio y los pandilleros que se podría definir como un apoyo entre ambos. A pesar de los avances que la justicia está realizando en el país (o los retrocesos, nunca se sabe), los ciudadanos y ciudadanas seguimos sin saber cómo confiar de nuevo en el trabajo de aquellos que están para protegernos.

El país está viviendo un colapso en todas sus estructuras, están siendo vencidas aquellas utopías que decían que el camino por fin se veía más despejado para Guatemala. Cada vez más y más acontecimientos se descubren y aunque debiera ser algo de lo cuál podemos sacar ventaja, parece que nos hunde más.

Estuvimos y estamos en absoluto estado de miedo. Miedo de las dictaduras, de la persecución política. De hablar, de callar. Miedo de decir la verdad. Miedo de morir en manos del ejército, miedo de morir en manos de la guerrilla, de la violencia, hasta de un mal entendido. Miedo de los asaltos, de los peligrosos pandilleros que se movían libres por la calle. Miedo de los pandilleros encerrados y aún más de los trasladados. Miedo a los cambios, a dignificar la integridad de otros. Miedo de la justicia, de que se aplique o que se haga de una manera distinta. Miedo por no conocer, por creer las mentiras de otros, por no saber investigar. O por conocer más de la cuenta.

Tenemos miedo de caer en más mentiras, de confiar en un nuevo Gobierno. De votar, de no hacerlo; de involucrarnos en la política o no. Miedo a ejercer la ciudadanía o ignorarla convenientemente. Miedo a la pena de muerte o a un barco. De un bloqueo. Miedo a abortar o a no hacerlo. Miedo a Monsanto y pero también a la reforma constitucional. Miedo a ejercer nuestros derechos y también a no poder hacerlo. Miedo de visitar el hospital o defender un organismo de justicia.

Le tememos a la denuncia y optamos por el silencio aunque a ese también le tememos. Estamos asustados, es como si hubiésemos asumido un estado de miedo. Nada nos hace sentir seguros, al punto de que aquellos que están privados de libertad parecen estar mas a salvo que cualquiera de nosotros que nos mofamos de aún contar con ella.

Realmente estamos pasando por un momento oportuno para dejar de tener miedo y dejar de sentirnos intimidados como nos hemos sentido por tantos años. El factor miedo en un niño demuestra su inocencia o falta de capacidad para defenderse. En un hombre demuestra su incompetencia para controlar una situación. Pero un país completo, el miedo solo pone en evidencia que pronto vendrá un caos peor y ya sabemos que nada bueno surge de ellos ¿Vamos a repetir la historia del caos en nuestro país?

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo