“Se pude más con miel que con hiel.”- San Juan Bosco
Tanto en el colegio como en la Universidad hay de todo en educadores. Desde el maestro/catedrático que es apasionado por enseñar y realmente busca a través de su trabajo darle un bien, no solamente a la sociedad, a sus alumnos; hasta los que tomaron este trabajo para poder sentirse por lo menos un poco superiores gracias a la notable ventaja que suele existir entre profesor y alumno.

En la vida me he topado con todos los tipos habidos y por haber. Por lo general no me molesta que un catedrático sea exigente con nuestro aprendizaje sobre todo si veo que como educador también trata de exigirse y darnos un poquito más allá del conocimiento académico, esos profesores que a través de los temas y el contenido que deben cubrir también luchan por contarnos sus experiencias amargas en la carrera, o en la vida, para evitarnos el bochorno o el dolor. O que nos aconsejan siempre ir por el lado de la ética y los valores. Al final son estos los educadores que realmente forman personas para el futuro.

Pero lamentablemente también está el otro bando, Los que nos hacen caer en la represión y acuden al miedo para sentirse respetados. Los que disfrutan burlarse de sus alumnos en la menos equivocación o que se jactan de su conocimiento. Y tristemente desde el colegio también me he topado con varios de este tipo. (Tengo más de los buenos, pero a veces a uno le toca tener que aprender de otra manera no tan agradable) Desde la maestra que creyó que podía interferir en el futuro por el hecho de darse cuenta de ciertas habilidades y luego recriminarlas. Hasta el profesor que a enterarse de mi carrera hace todo el proceso más lento y para cada cierto tiempo para decir: “Yo sí sé de estas cosas y he estudiado eso.” O el “Voy despacio porque son términos que no conocen y de seguro se les dificultan.” Y en general la última frase suele estar bien, pero de eso a ir explicándonos palabra por palabra porque cree que no tenemos muy claro ni el significado de “competencia” es otra cosa.

Así que si usted que me lee ejerce de alguna manera la enseñanza, gánese el respeto de sus alumnos por su manera de enseñar, de preocuparse porque realmente amen lo que usted quiere transmitirles. Pero no trate de infundirles miedo porque con eso solo se lograría o que odien la asignatura o vayan por la vida jactándose con más personas que lograron vencerlo. Y en la enseñanza no se puede vivir en batalla, se debe buscar un equilibrio entre respeto, autoridad y aprendizaje.

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