Las peticiones de quienes se hacen llamar líderes de comunidades indígenas son a todas “luces” contradictorias. Por un lado, aseguran que todo lo hacen por el “bien” de la comunidad sin embargo se oponen a que llegue inversión a sus pueblos. Aducen daños al medio ambiente, en el caso de las hidroeléctricas a la contaminación y sequía de los ríos.

Por un lado solicitan energía más barata pero por otro se oponen a mayores inversiones que aumentarían la oferta y la diversidad en la generación de la misma, en consecuencia se podría tener una oferta variada de generadoras que permitiría comprar más eficientes según la época del año.

Dicen preocuparse por el medio ambiente y sin embargo se oponen a una de las formas más limpias de generar energía ya que incluso deben limpiar el agua de río antes de que fluya por sus turbinas. Dicen que les importa el bienestar de los más pobres sin embargo no permiten que haya inversiones que generen empleos directos e indirectos.

Como explicaba en mi artículo anterior “En Guatemala, como en cualquier parte del mundo, si se quiere atraer a inversionistas tanto locales como extranjeros se les deben ofrecer garantías básicas pero esenciales a la hora de hacer negocios, las cuales se resumen en respeto a sus derechos individuales y certeza jurídica”.

Este respeto a los derechos individuales y certeza jurídica abarca no sólo a los empresarios sino a todo aquél que viva en nuestro país. Sin embargo, los ríos al ser “propiedad del gobierno” algunos creen que es de todos y por consiguiente es de nadie. Así, cualquiera podría reclamar el derecho a una parte del río y por consiguiente a todo lo que se encuentre a sus riberas.

De modo que,  estos vividores del conflicto creen que las hidroeléctricas se establecen por generación espontánea y que no se requiere de ningún esfuerzo tanto económico como intelectual para lograr que funcionen, por lo que apoderarse de ellas o de lo que producen es un derecho. Algo así como el derecho a esclavizar a los demás.

Estos vividores también dicen preocuparse por los más pobres sin embargo carecen del más mínimo respeto hacia sus semejantes al tratarlos como sus esclavos y considerarse con el derecho ¿ancestral? de disponer del esfuerzo del trabajo de los demás.

Si en realidad les preocuparan los indígenas estarían promoviendo inversiones en sus regiones que, para empezar, “obligaría” a mejorar los servicios básicos de agua, luz y telefonía sin contar la demanda de mejores caminos, de bancos, restaurantes o fondas y alojamiento.

Si en realidad los seudolíderes se preocuparan por los más pobres ya estarían exigiendo que se elimine el cobro, en muchos casos, excesivo del alumbrado público.

A todas “luces” lo que menos les importa es el progreso de los demás y el desarrollo de mejores oportunidades para sus comunidades.

A todas “luces” sus discursos y acciones no concuerdan con la realidad ya que en el fondo ni les interesa el bienestar de los que “defienden”, ni les conviene que mejoren su calidad de vida porque se les acabaría el “negocio” de cobrar por lo que otros producen y vivir de su esfuerzo.

 

@Md30

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