La investigación contra las empresas productoras de carne en Brasil por presunto fraude y adulteración en la comercialización de sus productos, ha generado un escándalo en el país sudamericano: 22 empresas procesadoras de carne y 33 funcionarios del Ministerio de Agricultura del Gobierno del Presidente Michel Temer han sido acusados de corrupción por la Policía Federal de Brasil.

Según esta entidad policial, inspectores sanitarios estatales recibieron sobornos para autorizar la venta y exportación de carne en mal estado. Productos caducados e incluso podridos habrían sido manipulados por las empresas procesadoras de carne, modificando las fechas de vencimiento y utilizando químicos para disimular el mal olor en los productos.

De comprobarse la veracidad de estas acusaciones, este caso de corrupción representaría un grave riesgo para la salud de los consumidores. Sin embargo, sorprendentemente la primera reacción de las autoridades brasileñas fue centrar su preocupación en el impacto de la crisis para la economía nacional y el sector exportador. Eumar Novacki, Secretario Ejecutivo del Ministerio de Agricultura, intentó tranquilizar a la población y aseguró que compraría carne el pasado fin de semana.

En la misma línea, el domingo 19 de marzo el Presidente Temer invitó a embajadores de países compradores de carne brasileña a comer un asado, en un intento por minimizar la crisis. Los fotógrafos de los medios de comunicación se regocijaron captando al mandatario engullendo un trozo de carne y asegurando que se trataba de un hecho completamente aislado.

La folclórica acción comunicacional no surtió efecto en países como Chile, donde las autoridades sanitarias anunciaron el cierre temporal de la totalidad de las importaciones de carne brasileña. En tanto, la Unión Europea, China y Corea del Sur establecieron restricciones parciales para la importación de este producto. Se trata de determinaciones con el potencial de desencadenar una reacción en cadena de otros países contra el principal país exportador de carne a nivel mundial.

La gestión de crisis del Gobierno de Temer evolucionó y pasó del “show” a las bravatas. Ante la decisión de Chile, Blairo Maggui, Ministro de Agricultura brasileño, amenazó con ejercer una “reacción fuerte” contra las importaciones chilenas en Brasil, en caso de que este país mantenga la suspensión.

Temer, un presidente con apenas el 10% de aprobación popular, cuyo gobierno es considerado como “malo” o pésimo” según la encuesta realizada en febrero por el Instituto MDA, debería esforzarse más por mostrar empatía y asertividad con los ciudadanos brasileños y países “amigos” en una situación tan grave como ésta. Acciones de comunicación carentes de contenido, como la invitación a una churrascaría, y amenazas públicas deberían ser desterradas de la estrategia de comunicación gubernamental para gestionar esta crisis.

En una escala de prioridades, en este caso resulta evidente que la salud pública está por sobre la caída del consumo nacional y la disminución de la venta de carne a mercados internacionales. En situaciones similares en otros países, en el marco de una gestión comunicación responsable y basada en hechos, ha habido un trabajo coordinado entre las autoridades y las empresas para retirar parcial o totalmente productos que podrían provocar riesgos para la salud de los consumidores.

Con escaso criterio de la realidad y sacrificando el señorío diplomático al amenazar a socios comerciales del país, es indudable que la gestión de crisis del Gobierno de Temer en el caso denominado “Carne Débil” está siendo temeraria y no está ayudando en nada a levantar la decaída imagen país de Brasil, dañada en los últimos meses por acusaciones de corrupción contra funcionarios y reconocidas multinacionales brasileñas.

Sin embargo, nunca es tarde para enmendar el rumbo y, aunque parezca increíble, la crisis de la carne representa una oportunidad para Temer de demostrar liderazgo y “ponerse en los zapatos” de los brasileños y los países socios comerciales de Brasil, priorizando la salud de las personas, colaborando con las investigaciones sin interferir y tomando medidas de contingencias en un caso que tiene aristas no solo sanitarias, sino económicas, sociales y diplomáticas.

 

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