La Selección de fútbol de Argentina no la pasa bien en la eliminatoria rumbo al Mundial de Rusia 2018: perdió 2 a 0 con Bolivia en La Paz, retrocedió hasta la quinta posición (entre 10 equipos) y quedó temporalmente al margen de los puestos de clasificación directa, a falta de 4 partidos para su finalización.

Si las eliminatorias de la CONMEBOL, las más competitivas del mundo, hubieran terminado hoy, Argentina tendría que jugar un repechaje con el ganador de Oceanía, disputando el último cupo disponible con selecciones de modesta historia y tradición, como Nueva Zelanda, Nueva Caledonia, Fiyi, Tahiti, Papúa Nueva Guinea o Islas Salomón.

Lejanos quedaron aquellos días en los que Julio Grondona, fallecido presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, AFA -quien ocupó sin ninguna oposición el cargo durante 35 años- proponía públicamente que Brasil y Argentina clasificaran directamente a los mundiales, sin jugar eliminatorias.

Pero Argentina no solo ha perdido prestigio deportivo. A nivel dirigencial, los escándalos han estado a la orden del día. Al igual que Guatemala, la FIFA sanciónó por corrupción y malos manejos administrativos a la AFA, imponiéndole una comisión normalizadora.

Uno de los motivos de la intervención de la FIFA fue el bochornoso episodio ocurrido durante las elecciones para presidente de la AFA, en octubre de 2015, cuando hubo un “empate” a 38 votos entre los dos candidatos. El “detalle” fue que votaron solo 75 electores.

Asimismo, su torneo local estuvo interrumpido 3 meses debido a una huelga de jugadores organizada por el sindicato de futbolistas de ese país, con el objeto de exigir el pago de una millonaria deuda por concepto de sueldos impagos que ascendía a más de 16 millones de dólares. Recién el 9 de marzo, la pelota retornó a las canchas.

En febrero se filtró en los medios de comunicación y redes sociales un audio en el que el Presidente de Boca Juniors, Daniel Angelici, el club más popular de Argentina, presionaba a miembros del tribunal de disciplina de la AFA para que se rebajara los castigos a dos jugadores de Boca que habían sido expulsados durante un partido.

La muerte de Julio Grondona y reiterados escándalos de corrupción y malos manejos, han provocado que el fútbol argentino haya perdido prestigio, status deportivo e influencia política a nivel internacional.

“FIFA trata a Argentina como si fuera Botswana y a Messi como un jugador que no vende camisetas. Nefasta conclusión: esto con Julio no pasaba”.

Este tweet del periodista argentino del diario La Nación Claudio Mauri (@hcmauri), hacía referencia a la sanción de oficio por 4 partidos que la FIFA impuso a Leonel Messi por haber insultado a un juez asistente durante la última victoria de la Albiceleste en eliminatorias, 1 a 0 a Chile en Buenos Aires.

Es evidente que, en el periodismo deportivo argentino, varios periodistas siguen añorando el modus operandi de Grondona y su premisa básica: los partidos se ganan dentro y fuera de la cancha. “Esto con Julio no pasaba”.

Sin embargo, el fútbol argentino debe asumir que esos tiempos se acabaron. No solo falleció Grondona, sino apareció en escena una investigación de la Fiscalía de Estados Unidos acusando a varios altos directivos de la CONMEBOL de corrupción, con el propio Grondona señalado de haber cobrado 15 millones de dólares en sobornos por la comercialización de las Copa América 2015, 2016, 2019 y 2023.

Argentina tiene al mejor jugador del mundo, Messi, y al mejor de la historia, Maradona, Su selección ha sido campeona del mundo dos veces (1978 y 1986), vice campeona de los mundiales 1990 y 2014 y de las ediciones 2015 y 2016 de la Copa América.

A nivel de clubes, el país trasandino lidera con 24 títulos el palmarés de la Copa Libertadores de América, el principal torneo por equipos en Sudamérica. Además, es uno de los principales exportadores de futbolistas a nivel mundial.

Esta rica historia debe convertirse en un catalizador para la re-fundación del fútbol argentino, a través de un plan estratégico de corto, mediano y largo plazo, con misión, visión, valores y metas que orienten el comportamiento organizacional de la AFA y guien a los principales protagonistas del juego, como jugadores, dirigentes, aficionados y periodistas deportivos.

El fútbol argentino tiene la oportunidad de mejorar su reputación a través de una gestión seria y sostenible, tanto a nivel dirigencial como deportivo, desterrando las malas prácticas del pasado. Todos quienes amamos el fútbol queremos ver a Messi jugar y brillar en Rusia 2018, pero no a toda costa ni a cualquier precio. La cosa nostra se la llevó Grondona a la tumba. No la desentierren.

 

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