De Corea y Venezuela, y sus respectivos líderes, se podrían escribir tomos. Por su crueldad, por su nivel de idiotez (en el sentido Freudiano de la palabra), pero toca ir al punto.

Supongo que cuando al finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945, y los Estados Unidos y Rusia dividieron la Península de Corea, no se imaginaron los gringos que la parte norte que quedó bajo dominio ruso se convertiría en una soberana migraña para ellos. Pocos años después, inició la evidente migraña, cuando el norte invadió el sur en la famosa Guerra de Corea. En los años setenta la parte Norte inició su separación del comunismo ruso creando su denominada Juche, una ideología de autosuficiencia que se auto describe como una creativa aplicación del Marxismo-Leninismo. Entre empresas estatales y la colectividad agraria, en Corea no existe la propiedad privada en ninguna de sus manifestaciones. La cuasi monarquía que reina ese país abatido por una miseria espantosa, pero con armas nucleares, ha pasado del abuelo al hijo y ahora al nieto, todos igualmente psicopáticos y de mentes dignas de profundo estudio. Son tan enfermos en esa familia, que no admitieron que Kim Jong-Il había fallecido en el 2009 sino hasta en el 2011, habiéndose enfermado en el 2008. Pero lo más triste es que en el mundo libre no la vieron venir. Lo que sorprende es ¿cómo es posible que ese gordo insignificante tenga atemorizado a todo un país?

Mientras los Coreanos del Norte mueren de hambre, su líder está evidentemente bien nutrido. No tienen gran variedad ni cantidad de alimentos, pero si muchas armas. Lástima que las balas no sean comestibles. Pero a diferencia de Venezuela, Corea no era un país pujante con una economía prometedora cuando entró el comunismo.

Ahora vamos al otro engendro. Maduro nació en una familia comunista, dónde su padre era sindicalista y el mismo Maduro fue líder de su sindicato de la escuela (si, no es error, su biografía habla de sindicato de la escuela). A diferencia del líder coreano actual, graduado en Suiza, Maduro ni siquiera terminó la secundaria. ¿Cómo un hombre así, llega a ser líder de un país rico en petróleo, y en tantos otros rubros? Es un enigma. Venezuela pasó de exportar carne y derivados, a importar leche, huevos, pollo y esto me consta porque yo trabajé en el equipo legal en Washington-DC que defendía a Venezuela en arbitraje tras arbitraje por incumplimiento de contratos que iban desde importación de pollo hasta cierre de mineras. Chávez, que espero se pudra en el infierno, inició el hundimiento de su país con una mentalidad contradictoria y obtusa. Como Chávez y su equivalente coreano, Maduro sigue teniendo al país sumergido en el estiércol.

La arrogancia y miopía de la derecha venezolana, que no se unió cuando debía, no se amarró los pantalones y sacó valor para luchar por su país, permitieron que ganara las elecciones ese enfermo mental, y que ahora prosiguiera este nuevo engendro, que ha salido corregido y aumentado. ¿Suena familiar?

Guatemala tiene un Presidente que está tratando de levantar el país pero no tiene varita mágica. Le entregaron una casa con décadas de mugre acumulada y en absoluto desorden, y tiene que limpiarla y ordenarla antes de poder hacer obra. Cada vez que lo escucho me llena de optimismo, porque cuenta lo que los medios no nos dicen. Pero un Presidente sólo no hace gobierno, necesita un buen equipo. Muchos son valientes para insultar y para agredir a diestra y siniestra en las redes, pero no proponen nada proactivo. Ser positivo y proactivo requiere valor y buena voluntad, algo que a muchos les falta. Y en esto no me refiero únicamente a los funcionarios del Estado, sino a todos los ciudadanos que deseamos una Guatemala libre y próspera.

La libertad es sagrada, sin ella ni los negativos pueden alegar y protestar y criticar al Presidente, ni los positivos expresar nuestras ideas y defender lo que creemos amerita defensa. Sin libertad no hay cines, no hay parranda, no hay producción, y no hay ni papel higiénico en el supermercado. Sin libertad seremos otra Venezuela. Algunos, defenderemos siempre el derecho de expresarse de quienes no la piensan como nosotros.

Por ahora, entre todo, al menos los que sueñan con repartir lo ajeno en Guatemala se nota que son sólo oportunistas, ninguno parece tener los tornillos zafados, saben muy bien lo que hacen. Si que calla, otorga, el que siempre guarden silencio ante las atrocidades de sus amigos tipo Maduro hace deducir que esa es la Guatemala que quieren. Todos en el estiércol, menos ellos. Ojalá quienes debieran y pudieran decir algo dejaran de tratar de quedar bien con Dios y con el diablo. Cautela, dicen algunos. Cobardía, dicen otros. 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo